“Para que te guarden de la
mala mujer”
(Proverbios 6:24).
Muchas y variadas son las
razones por las que una persona, sea varòn o hembra, nos excusamos por haber
caìdo en el pecado del adulterio (material o espiritual). Pero la escritura
menciona una sòla: “No te apartes del mandamiento de tu padre (Dios), ni de las
enseñanzas de tu madre” (Iglesia) (Proverbios 6:20) para que te “guarden” de la
mala mujer (verso 24).
Uno no abandona a la pareja
por otra persona, si primero no ha abandonado a Dios. Esa falta de temor que da
el estar lejos de la presencia de Dios es la que nos inclina a “ver”, “codiciar”
y “tomar” a otra persona. Eso fue lo que les sucedió a hombres influyentes en
la historia. Le sucediò al hombre màs fuerte, Sansòn (Jueces 16:6); le sucedió
al hombre màs sabio, Salomòn (1ª Reyes 4:29); y cuànto màs no le iba a suceder
a uno de los hombres mejor parecidos y hermosos de la historia, el Rey David
(1ª Samuel 16:12). Ahora bien, independientemente de que para alguien seamos
bien parecidos, hermosos o no, pero sabiendo perfectamente que no somos ni tan
fuertes ni tan sabios, con mayor razón debemos temer “alejarnos” de Dios para
no ser abandonados en manos de la mala mujer (Proverbios 22:14). Quizàs ya
“vimos”, quizás ya “codiciamos”, y quizás ya algunos hasta han “tomado”, pero Dios
nos da una esperanza, pues nos enseña que todo pecado tiene un perdón genuino,
si tenemos un arrepentimiento genuino. ¡Clamemos por no abandonar a Dios!
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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