“Solamente yo he quedado”
(1ª Reyes 19:14).
Elìas viene de obtener una
gran victoria, pero esa victoria molestò a la persona màs impìa que la historia
haya visto nacer, Jezabel, esposa de Acab. Entonces Elìas por iniciativa propia
va al desierto, en donde exclama su famosa frase: “Señor, por el vivo celo que
tengo por tì… tan sòlo yo he quedado” (verso 14).
¡Cuàn equivocado estaba
Elìas! Y ¡Cuàn equivocados podemos estar nosotros en el Ministerio! Primero,
perdemos el norte por una victoria, creyendo que fuimos nosotros y no Dios
quien la diò (verso 1). Segundo, creemos que apartándonos de todo y de todos
estaremos a salvo como lo creyó Elìas, sin apreciar que en todo momento dependemos
de Dios quien nos sostiene para que no desfallezcamos (verso 5-6). Tercero, creemos,
equivocadamente, tener un “vivo celo” por Dios porque estamos haciendo muchas
actividades en el nombre de èl (Mateo 7:21). Cuarto, hacemos mucho ruido
alrededor nuestro para que miren la “gran carga” que estamos llevando solos,
sin darnos cuenta que Dios nunca està en el “poderoso” viento; ni està en el “bullicioso”
terremoto; ni està en el “abrazador” fuego… sino en el “silvo apacible” del
contentamiento y la aceptación (verso
12).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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