“El que NO toma su cruz y me
sigue… no es digno de mì”
(Mateo 10:38).
Habiendo sido impuesto el
cristianismo por decreto y no por convicción, el mundo transita alrededor de
1,150 años bajo el amparo de una “fe” mezclada con religiones paganas;
idolatrìa; música sacra romana; y multitud de costumbres y tradiciones que “marcan”
hasta el dìa de hoy la vida del creyente.
No fue, sino hasta en los
años 1300 – 1400, que por causa de la inmoralidad del liderazgo romano; el
tràfico de influencias en el clero y con el Estado; la venta de indulgencias y
la intromisión de la iglesia en asuntos de Estado, que se llama a gritos una
reforma (1520), utilizando Dios a varones de fe, sinceros y honestos como Juan
Wyclif; Juan Hus; Martìn Lutero, Juan Calvino y Ulrico Zwinglio que la permite.
Estos hombres, habiendo sido religiosos todos, están enterados de la corrupción
e inmoralidad en la que ha funcionado la iglesia (asociada al Estado) por todo
èste tiempo, y, basándose en las escrituras luchan por reformarla. Es con
ellos, que todas y cada una de las doctrinas de la Iglesia primitiva que se
habían perdido inician a ser restauradas. El bautismo en adultos y por voluntad
propia (Marcos 1:9-10); por sumersiòn en agua y no por aspersiòn (Hechos 2:38). La
imposición de manos (1ª Timoteo 4:4); la celebración de la santa cena (1ª
Corintios 11:26); la salvación por fe y no por obras (Efesios 2:8-9); cambian
la música gregoriana romana por himnos bíblicos; cancelan el celibato (1ª
Corintios 7:2); etc.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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