martes, 18 de julio de 2017

¡La Cruz… Su dulce trato! (Parte tres).


“El que NO toma su cruz y me sigue… no es digno de mì”
(Mateo 10:38).

Habiendo sido impuesto el cristianismo por decreto y no por convicción, el mundo transita alrededor de 1,150 años bajo el amparo de una “fe” mezclada con religiones paganas; idolatrìa; música sacra romana; y multitud de costumbres y tradiciones que “marcan” hasta el dìa de hoy la vida del creyente.

No fue, sino hasta en los años 1300 – 1400, que por causa de la inmoralidad del liderazgo romano; el tràfico de influencias en el clero y con el Estado; la venta de indulgencias y la intromisión de la iglesia en asuntos de Estado, que se llama a gritos una reforma (1520), utilizando Dios a varones de fe, sinceros y honestos como Juan Wyclif; Juan Hus; Martìn Lutero, Juan Calvino y Ulrico Zwinglio que la permite. Estos hombres, habiendo sido religiosos todos, están enterados de la corrupción e inmoralidad en la que ha funcionado la iglesia (asociada al Estado) por todo èste tiempo, y, basándose en las escrituras luchan por reformarla. Es con ellos, que todas y cada una de las doctrinas de la Iglesia primitiva que se habían perdido inician a ser restauradas. El bautismo en adultos y por voluntad propia (Marcos 1:9-10); por sumersiòn en  agua y no por aspersiòn (Hechos 2:38). La imposición de manos (1ª Timoteo 4:4); la celebración de la santa cena (1ª Corintios 11:26); la salvación por fe y no por obras (Efesios 2:8-9); cambian la música gregoriana romana por himnos bíblicos; cancelan el celibato (1ª Corintios 7:2); etc.


Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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