“El que NO toma su cruz y me
sigue… no es digno de mì”
(Mateo 10:38).
Asì, llegamos a los días actuales,
en donde Dios, permite la intromisión de una doctrina que “encanta” a los
nèofitos, pero que es perversa. La doctrina de la prosperidad. Pero deja un “remanente”
que predica la Cruz como único medio de llegar al reino (Gàlatas 3:1).
La historia nos muestra que
la muerte por crucifixión era terrible y vergonzosa. Preguntamos: ¿Si era asì, cuàl
es la razón por la que Cristo nos hace ir en esa direcciòn? La respuesta es sencilla: La vida de Cristo no
fue una vida de “placeres, honores y comodidades”; su ministerio no fue un
ministerio de “aceptación, fama, fortuna y aplausos”. Su muerte no fue una
muerte “dulce, cómoda y atendida” en una cama de hospital de primera. Si nos
“decimos” sus seguidores: ¿Còmo, entonces, “pretendemos” vivir hoy un
ministerio o una vida, diametralmente opuesta a esa, como la BASE de nuestra fe?
¡Ese! es el satánico “encantamiento” de la doctrina de la prosperidad. No
pretendemos introducir en el corazón y la mente de nadie que la vida del
creyente sea un “eterno sufrimiento”, pues caeríamos en la mentira de que “flagelándonos”
somos màs agradables y aceptos a Dios, pues eso nos haría ser salvos por obras
y no por fe. Pero lo que sì pretendemos es hacer conciencia de lo que Cristo
nos enseñò: tener “contentamiento” no importando la vida o la situación que èl
nos haya diseñado (1ª Tesalonicenses 5:18), a eso se le llama llevar nuestra
cruz cada dìa y seguirlo.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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