miércoles, 19 de julio de 2017

¡La Cruz… Su dulce trato! (Parte cuatro).


“El que NO toma su cruz y me sigue… no es digno de mì”
(Mateo 10:38).

Asì, llegamos a los días actuales, en donde Dios, permite la intromisión de una doctrina que “encanta” a los nèofitos, pero que es perversa. La doctrina de la prosperidad. Pero deja un “remanente” que predica la Cruz como único medio de llegar al reino (Gàlatas 3:1).

La historia nos muestra que la muerte por crucifixión era terrible y vergonzosa. Preguntamos: ¿Si era asì, cuàl es la razón por la que Cristo nos hace ir en esa direcciòn?  La respuesta es sencilla: La vida de Cristo no fue una vida de “placeres, honores y comodidades”; su ministerio no fue un ministerio de “aceptación, fama, fortuna y aplausos”. Su muerte no fue una muerte “dulce, cómoda y atendida” en una cama de hospital de primera. Si nos “decimos” sus seguidores: ¿Còmo, entonces, “pretendemos” vivir hoy un ministerio o una vida, diametralmente opuesta a esa, como la BASE de nuestra fe? ¡Ese! es el satánico “encantamiento” de la doctrina de la prosperidad. No pretendemos introducir en el corazón y la mente de nadie que la vida del creyente sea un “eterno sufrimiento”, pues caeríamos en la mentira de que “flagelándonos” somos màs agradables y aceptos a Dios, pues eso nos haría ser salvos por obras y no por fe. Pero lo que sì pretendemos es hacer conciencia de lo que Cristo nos enseñò: tener “contentamiento” no importando la vida o la situación que èl nos haya diseñado (1ª Tesalonicenses 5:18), a eso se le llama llevar nuestra cruz cada dìa y seguirlo.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




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