“El que NO toma su cruz y me
sigue… no es digno de mì”
(Mateo 10:38).
Todos creemos que cuando
algo desagradable (malo) le sucede a
otra persona, es porque ¡Sabe Dios què pecado o falta cometió! No logramos
discernir si en realidad tan sòlo es un “trato” de Dios, o, si realmente està
en donde està por una mala decisión.
Hoy, no nos interesa la “prisión”
por entregar un cheque sin fondos sabiendo que no tendremos para cubrirlo; sino
màs bien nos interesa aquella en la cuàl es Dios quien permite que entremos (ya
sea física o espiritualmente) porque quiere sacar lo mejor de y para nosotros….
A eso le llamamos nosotros “La cruz… su dulce trato”. Aquellas situaciones que
llevamos con gallardìa, y en las cuales damos gracias a Dios; no en donde nos
hacemos las víctimas delante de cualquiera que està en la posibilidad de
sacarnos de allì. Aquellas situaciones en las cuales nos hincamos a solas con
èl y “rendidos de espíritu” nos ponemos en sus manos, sabiendo que èl sì sabe
lo que hace aunque nosotros no lo entendamos (Isaìas 49:16). Aquellos momentos
en que “èl” nos lleva al salmo 50:15 y nos dice: ¡CLAMA A MI! QUE YO TE
RESPONDERÈ. Pero, entendamos, YO (Jehovà)… no yo (el prójimo o nosotros con
nuestros métodos humanos). Ese es momento en el que entendemos que la Cruz de
Cristo… no es un castigo sino un privilegio, pues es su dulce trato.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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