"Si en el dìa de la aflicciòn te desanimas, muy limitada es tu fortaleza".
(Proverbios 24:10).
No ha existido una sola persona que en algùn momento de su vida no haya tenido una pena, una angustia, una aflicciòn, una enfermedad, una limitaciòn econòmica, o, peor aùn, una defunciòn en casa. Nadie como ser humano se salva a estos flagelos que nos heredò el pecado en el Edèn.
Ahora bien, muchos dicen que es imposible que Dios exista, porque si hubiera un Dios tan bueno como el que predicamos los cristianos entonces no habrìa maldades ni necesidades en el mundo. El punto es que Dios sì existe y su voluntad es buena y agradable para el hombre, pero la maldad no proviene de èl sino del corazòn del hombre. Y, como lo hemos dicho en otras ocasiones, son nuestras "malas decisiones" las que nos traen "malas consecuencias". Ahora bien, a què se le llama malas decisiones, pues simplemente a tomar decisiones sin consultar con Dios. Veamos el caso bìblico de Naval, aquèl hombre que recibiò favores de David cuando se los solicitò, luego viene David y tiene una peticiòn para con Naval, pero èste, sin consultar con Dios y sin tener una gota de agradecimiento le niega la ayuda a David, David decide eliminarlo, pero por intervenciòn de Abigaìl la esposa de Naval, mujer temerosa de Dios, èste se salva de la espada de David pero no de la de Dios. Aquì podemos ver còmo Abigaìl no se desanimò en el dìa de la angustia sino se apoyò en Dios, fortalecièndose en la angustia, y el resultado fue que parò en el Palacio del Rey como una de las esposas del Rey ( 1ª Samuel 25:39).
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