"Quita la escoria de la plata, y de allì saldrà material para el orfebre".
(Proverbios 25:4).
La escoria, nuestro diccionario la define de la siguiente manera: Sustancia vitrea, formada por las impurezas que flotan en el crisol de los hornos metalùrgicos, y tambièn, como el residuo esponjoso que queda tras la combustiòn del carbòn (que en las antiguas calefacciones habìa que sacar o quitar todos los dìas).
En resumen, la escoria es "suciedad", algo que "no sirve sino màs bien puede hacer algùn o mucho daño". Quizàs por ello es que a las personas que no son ùtiles para la sociedad sino que màs bien nos causan daño se les llama vulgarmente "escorias humanas". El punto es que, èste verso de hoy nos continùa diciendo que cuando las "escorias" son quitadas de la presencia del rey, èste se afirma en su trono. ¡Cuànta razòn tiene èste verso en nuestro tiempo con tanta gente corrupta, violenta y egoìsta que rodea a nuestros dirigentes polìticos hoy en dìa. Pero, desde el punto de vista del creyente, no es el presidente, el primer ministro, el alcalde o el parlamento lo que nos interesa. Para el creyente su propia vida, su familia, su propio cìrculo diario, su trabajo, eso es lo que le debe importar. Es allì en donde nosotros podemos cambiar el sistema. No es criticando lo malo, tampoco por supuesto aceptàndolo o hacièndonos de la vista gorda, pero sì cambiando nosotros a diario para que las personas con quienes tenemos algùn tipo de relaciòn vean que no es murmurando, lamentàndonos, ni criticando que se cambian los sistemas, es cambiando nuestro sistema de vida, exhortando a otros con y por el hecho de que podemos tener "contentamiento" en medio de la misma situaciòn que ellos estàn viviendo... pero con una actitud positiva y diferente debido a que nuestro Dios es grande y poderoso para sostenernos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario