"No te comprometas por otros ni salgas fiador de deudas ajenas; porque si no tienes con què pagar, te quitaràn hasta la cama en que duermes".
(Proverbios 22:26).
Nuestro abuelo materno fue el màs severo entre todos nuestros ancestros, pero nos daba consejos muy ùtiles, uno de ellos era: "No se debe tener lo que no se puede comprar y mantener". Nos enseñò que uno no debe "gastar" su dinero sino debe "invertirlo". Quienes seguimos esos consejos, hoy, cincuenta años despuès de haberlos escuchado, vemos la cosecha, pues gracias a Dios y a la obediencia no tenemos mayores angustias.
En ocasiones uno "puede" adquirir lo que tanto ha deseado, pero eso no implica que uno "deba" tenerlo. Es màs, la vida nos ha enseñado tambièn que no "sòlo" porque se dispone de la oportunidad o de los recursos en el momento, ese algo que uno ha deseado tanto se deba comprar o adquirir, pues eso nos puede llegar a convertir en "tìteres" del sistema. Todo en èsta vida hay que mantenerlo, y mientras màs lujoso sea lo que adquirimos màs costoso serà mantenerlo. Pero, hay un consejo muy sabio que nos da la palabra de Dios, y es que: "No nos comprometamos por otros", en palabras contractuales: "No seamos fiadores de nadie". Si en ocasiones, cuando la deuda depende de nosotros hay contratiempos y nos vienen angustias a pesar de nuestra responsabilidad; ¿còmo podemos pensar que no vendràn problemas si dependemos de las circunstancias y responsabilidad de otro? Nos advierte la escritura que si el otro no cumple, por su culpa, vendràn los acreedores y nos quitaràn hasta la cama en donde dormimos. En otras palabras no tendràn misericordia de nuestros argumentos, de nuestra situaciòn. Diràn simplemente, lo siento, pero asì estàn las cosas. ¡Cuidado! No compremos lo que no podemos pagar, y, no salgamos por fiador de nadie.
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