"Hijo mìo, si tu corazòn es sabio, tambièn mi corazòn se regocijarà".
(Proverbios 23:15).
Antes de entrar en materia, analicemos un punto que ya hemos tratado en otros mensajes pero que hoy es puntual. Nadie puede ni debe corregir a un niño o a una persona sobre la cual no tiene autoridad, pues si lo hace el problema serà màs grande y la posibilidad de una respuesta irrespetuosa o un conflicto es màs alta.
Asì que, notemos que lo primero que Dios dice es "Hijo mìo", por lo tanto si alguien no es hijo de Dios, no tiene por què darse por aludido; entendamos algo, no estamos hablando de sus criaturas pues eso todos somos ya que somos parte de su creaciòn. Ahora, hijos de Dios solamente son aquellos que han aceptado el sacrificio de la cruz por Cristo para perdòn de sus pecados (y esto no es palabra humana sino palabra de Dios, vea Juan 3:16-19). En otro sentido, la misma escritura nos dice què o còmo es un corazòn necio: a) Romanos 1:31: Sin entendimiento, indigno de confianza, sin amor y despiadado; b) 1ª Corintios 1:20: Se cree sabio y es polèmico; c) Jeremìas 10:8 Es torpe y necio en su vanidad; d) 1ª Corintios 3:20: Viven segùn su razonamiento y no el de Dios. Todos èstos pensamientos nos traen a que si un corazòn necio es asì, debièramos deducir que el contrario es un corazòn sabio. Por lo tanto, un corazòn que agrada a Dios a tal grado que Dios diga: Hijo mìo, debe tener las siguientes cualidades: Entendimiento espiritual, ser digno de confianza tanto de Dios como de los hombres, amoroso y con piedad; ser humilde y no polemizar (discutir por tonterìas) con nadie; debiera ser tambièn pràctico y sencillo y viviendo segùn los consejos y guìas de Dios y no de sì mismo. En otras palabras, un hijo vive en la casa de su padre y siguiendo el ejemplo de su padre, y cuando es ya mayor, vive en la suya... pero... en comunicaciòn con su padre. ¡Ese es el secreto!
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