"Cuando te sientes a comer con un gobernante fijate bien en lo que tienes ante tì".
(Proverbios 23:1).
La vida nos ha dado algunas oportunidades de estar sentados a la mesa comiendo con gente que tiene muchos recursos, y hemos podido observar la variedad y cantidad de alimentos que ofrecen. A Dios gracias, aunque hemos tenido èpocas difìciles y de limitaciones, la mayorìa del tiempo ha habido alimentos variados en nuestra mesa, pero, extremos como tener cuatro o cinco platos fuertes en cada comida; diversidad de carnes los tres tiempos; y disponer de dos o tres postres a diario, pues realmente no ha sido nuestro diario vivir.
Ahora bien, si en la casa de una persona pudiente, a quien le cuesta personalmente el sudor de su frente costear ese tipo de vida, lo ofrece, podemos imaginar por un momento ¿còmo seràn las viandas de los gobernantes a quienes el dinero del pueblo es quien paga sus usos y abusos? Sin embargo, nos advierte la escritura que, si alguna vez tenemos la oportunidad de sentarnos a la mesa con ellos, tengamos cuidado. Creemos en lo personal que Dios desea que no solamente tengamos cuidado en eso sino en todo, cuando de gobernantes se trata. Cuidemos nuestros ojos de lo que se ve en esas reuniones; cuidemos nuestros oìdos de lo que se habla en esas reuniones; cuidemos nuestra lengua de lo que comentemos o hablemos con ellos o entre ellos. Esos son ambientes en donde, como decìan los abuelos... hasta las paredes escuchan. En pocas palabras, evitemos esos ambientes, pero, repetimos, si la vida nos da la oportunidad de estar allì.. cuidèmonos en todo sentido, la inmoralidad, la corrupciòn, el engaño, la mentira, el abuso, son elementos que en esos ambientes se respiran en el aire. Sin embargo, el sabio Salomòn nos enseña en Eclesiastès que: "Vayamos, y comamos el pan con alegrìa, y bebamos nuestro vino con buen ànimo, cuando Dios se ha agradado de nuestro trabajo" (9:7).
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