“Señor, ensèñanos a orar”.
(Lucas 11:1).
PERDONA NUESTRAS DEUDAS,
COMO TAMBIÈN NOSOTROS PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES.
Mucha gente cree que lo
mejor que le puede suceder a alguien es sacarse la lotería; que un pariente le
deje una buena herencia; o que le regalen lo inesperado. Pero, dice Dios que lo
màs precioso que le pudo pasar al hombre, es el perdón de sus pecados (Juan
3:16). Por ello es que somos de los que pensamos que “Lo mejor NO està por
venir, sino que YA lo tenemos”.
Ahora bien, cuando llegamos
a èsta porción del Padre Nuestro estamos “suponiendo” que, nuestra oración será bien recibida y que
tendrá una respuesta efectiva, si nosotros ya perdonamos a los que nos
ofendieron. No es posible que nos hinquemos a orar o que oremos en público si
somos de los que decimos: “Yo en realidad ya lo o los perdonè de corazón”, pero,
que solamente alguien mencione a esa o a esas personas y el rostro nos cambie.
Si no somos capaces de orar de corazón por esas personas, pidiendo a Dios que
las siga bendiciendo; que las guarde; que si están en un error, que sea èl
quien les de la gracia para corregirlo (Juan 13:35). Entonces no esperemos
respuestas efectivas a nuestras oraciones.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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