martes, 18 de abril de 2017

La Oraciòn (Parte ocho).

“Señor, ensèñanos a orar”.
(Lucas 11:1).

PERDONA NUESTRAS DEUDAS, COMO TAMBIÈN NOSOTROS PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES.

Mucha gente cree que lo mejor que le puede suceder a alguien es sacarse la lotería; que un pariente le deje una buena herencia; o que le regalen lo inesperado. Pero, dice Dios que lo màs precioso que le pudo pasar al hombre, es el perdón de sus pecados (Juan 3:16). Por ello es que somos de los que pensamos que “Lo mejor NO està por venir, sino que YA lo tenemos”.

Ahora bien, cuando llegamos a èsta porción del Padre Nuestro estamos “suponiendo”  que, nuestra oración será bien recibida y que tendrá una respuesta efectiva, si nosotros ya perdonamos a los que nos ofendieron. No es posible que nos hinquemos a orar o que oremos en público si somos de los que decimos: “Yo en realidad ya lo o los perdonè de corazón”, pero, que solamente alguien mencione a esa o a esas personas y el rostro nos cambie. Si no somos capaces de orar de corazón por esas personas, pidiendo a Dios que las siga bendiciendo; que las guarde; que si están en un error, que sea èl quien les de la gracia para corregirlo (Juan 13:35). Entonces no esperemos respuestas efectivas a nuestras oraciones.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


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