“Señor, ensèñanos a orar”.
(Lucas 11:1).
DANOS HOY NUESTRO PAN COTIDIANO.
Dios nos enseñò que lo único necesario en el dìa para
nosotros debiera ser cubrir nuestra comida y nuestro vestido (1ª Timoteo 6:8);
aunque nunca fomentò la vagancia, pues también dijo: “Con el sudor de “tu”
frente comeràs todos los días” (Gènesis 3:17), y que, el que no trabaja que
tampoco coma (2ª Tesalonicenses 3:10). Lastimosamente, debido a la
mercadotècnia trabajemos o no trabajemos nos hemos tragado el bocado de que
“nos merecemos” màs que eso.
El hombre màs sabio que ha existido después de Cristo y
de Adàn antes de la caída, ha sido el Rey Salomòn, y nos narra en sus escritos
que: “Despuès de haber hecho y probado de todo, su conclusión es que TODO es
vanidad de vanidades, y que ningún provecho se saca de tanto afàn” (Eclesiastès
3:9). Y nos da dos expresiones que bien haríamos en aprender de memoria, la
primera: “El fruto de tanto afán se lo dejamos a nuestros sucesores, sin saber
si lo usaràn sabia o neciamente” (Eclesiastès 2:18-19). Y, la segunda, que lo
mejor que el hombre puede hacer HOY es: “Comer tu pan con alegría, beber tu
vino con buen ànimo, pues Dios ya se agradò de tus obras (trabajo)”
(Eclesiastès 3:13 y 9:7). Asì que, si queremos orar con sabiduría oraremos por
el pan cotidiano…todo lo demás será una bendición extra.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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