lunes, 17 de abril de 2017

La Oraciòn (Parte siete).

“Señor, ensèñanos a orar”.
(Lucas 11:1).

DANOS HOY NUESTRO PAN COTIDIANO.

Dios nos enseñò que lo único necesario en el dìa para nosotros debiera ser cubrir nuestra comida y nuestro vestido (1ª Timoteo 6:8); aunque nunca fomentò la vagancia, pues también dijo: “Con el sudor de “tu” frente comeràs todos los días” (Gènesis 3:17), y que, el que no trabaja que tampoco coma (2ª Tesalonicenses 3:10). Lastimosamente, debido a la mercadotècnia trabajemos o no trabajemos nos hemos tragado el bocado de que “nos merecemos” màs que eso.

El hombre màs sabio que ha existido después de Cristo y de Adàn antes de la caída, ha sido el Rey Salomòn, y nos narra en sus escritos que: “Despuès de haber hecho y probado de todo, su conclusión es que TODO es vanidad de vanidades, y que ningún provecho se saca de tanto afàn” (Eclesiastès 3:9). Y nos da dos expresiones que bien haríamos en aprender de memoria, la primera: “El fruto de tanto afán se lo dejamos a nuestros sucesores, sin saber si lo usaràn sabia o neciamente” (Eclesiastès 2:18-19). Y, la segunda, que lo mejor que el hombre puede hacer HOY es: “Comer tu pan con alegría, beber tu vino con buen ànimo, pues Dios ya se agradò de tus obras (trabajo)” (Eclesiastès 3:13 y 9:7). Asì que, si queremos orar con sabiduría oraremos por el pan cotidiano…todo lo demás será una bendición extra.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


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