miércoles, 26 de abril de 2017

¿En què consiste la Doctrina de Paz, Poder y Prosperidad?

“No hay nada oculto que no haya de ser manifiesto”
(Lucas 8:17).

Alrededor de los años 70s del siglo pasado, nació un grupo de líderes cristianos que pusieron de “moda” èsta doctrina. Està basada en el Movimiento Nuevo Pensamiento, nacido a finales del siglo 19 cuya base era: “Promover que a través del pensamiento correcto (positivo) se podían obtener los resultados buscados como la paz, la felicidad y la salud”.

Un comentario: “El evangelio no consiste en la historia de un dulce papà que existe para que ellos sean sanos, ricos y felices a cuenta de los servicios prestados, èsta clase de evangelio es una corrupción de la revelación de Dios, y una distorsión de su plan de redención” (David W. Jones, autor del libro ¿Salud, riquezas y felicidad?).

Pilares de la Doctrina de Paz, Poder y Prosperidad:

1-    Dios promete “prosperidad” a sus hijos, por lo tanto, si usted es un hijo de Dios usted “tiene” que ser pròspero porque usted se lo “merece”. En otras palabras, falta de “contentamiento y gratitud” por su situación personal (1ª Tesalonicenses 5:18)
2-    Lo único que usted tiene que hacer es “Reclamar, declarar o confesar” su prosperidad. (Ignorando el Salmo 106:15).
3-    Lo que usted “confiesa” tiene poder; lo que usted “declare” eso sucederà; “reclámelo” puesto que como hijo tiene derecho. (Pasando por encima de los propòsitos y la soberanía divinos) (Mateo 6:10).
4-    Mientras usted “màs dinero de o prometa” a Dios, usted màs recibe a cambio (dinero que por cierto Dios “jamàs” recibe). Ignorando que en el Nuevo Pacto el dinero es para cubrir las prioridades del necesitado no los caprichos, ideas o proyectos del liderazgo. (Mateo 25:31-37).

La doctrina de paz, poder y prosperidad: 1) No fue creación de Dios; 2) Contradice la soberanía y los propósitos eternos de Dios; y, lo màs importante 3) No pone al hombre al servicio de Dios sino a Dios al servicio del hombre. Mirad que NADIE os engañe (Jesùs) (Mateo 24:4) (Marcos 13:5) (Lucas 21:8).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


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