jueves, 13 de abril de 2017

La Oraciòn (Parte seis).

“Señor, ensèñanos a orar”.
(Lucas 11:1).

HAGASE TU VOLUNTAD, COMO EN EL CIELO.

En un reino se hace la voluntad del soberano no la de los súbditos, luego entonces en el “Reino de los cielos”, se hace la voluntad de Dios no la de los “hijos” de Dios. Y aquí, Jesùs nos està enseñando que tenemos que entender que en la tierra (nosotros como creyentes) también se deben hacer las cosas como èl dictamina.

Esto implica entonces que, nuestra oración no puede ir en contra de lo que Dios ya estableció. Nosotros no podemos “nunca” declarar, proclamar, ni mucho menos reclamar nada en ninguna oración, Jesùs mismo NO LO HIZO (Lucas 22:42). ¿Còmo nos enseñan las escrituras que hemos de hacerlo? Primero con “gratitud” (Colosenses 4:2); y luego, con “sùplica” (Juan 17:9,15 y 20). Nuestras palabras debieran ir en el orden de la “voluntad” de Dios, nunca jamàs en el orden de nuestros sentimientos, necesidades o deseos, pues èl sabe què es lo mejor para nosotros (Jeremìas 29:11). Asì, podemos pedir porque Dios guiè la mano del mèdico en el tratamiento por enfermedad, pero no podemos bajo ningún punto de vista: “Declarar” sanidad; “proclamar” parabienes; ni mucho menos “reclamar” salud, si en los planes de Dios està que la persona no salga con vida de la misma (lo hemos vivido). Con ese tipo de oraciones solamente comprometemos a Dios delante de los incrédulos, y afectamos negativamente la fe de los pequeñitos (al no tener las respuestas que nosotros queremos), y eso, también es pecado (Lucas 17:1)… Ayyy de aquèl que provoque los tropiezos.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



  

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