“Señor, ensèñanos a orar”.
(Lucas 11:1).
HAGASE TU VOLUNTAD, COMO EN
EL CIELO.
En un reino se hace la
voluntad del soberano no la de los súbditos, luego entonces en el “Reino de los
cielos”, se hace la voluntad de Dios no la de los “hijos” de Dios. Y aquí,
Jesùs nos està enseñando que tenemos que entender que en la tierra (nosotros
como creyentes) también se deben hacer las cosas como èl dictamina.
Esto implica entonces que,
nuestra oración no puede ir en contra de lo que Dios ya estableció. Nosotros no
podemos “nunca” declarar, proclamar, ni mucho menos reclamar nada en ninguna
oración, Jesùs mismo NO LO HIZO (Lucas 22:42). ¿Còmo nos enseñan las escrituras
que hemos de hacerlo? Primero con “gratitud” (Colosenses 4:2); y luego, con
“sùplica” (Juan 17:9,15 y 20). Nuestras palabras debieran ir en el orden de la “voluntad”
de Dios, nunca jamàs en el orden de nuestros sentimientos, necesidades o deseos,
pues èl sabe què es lo mejor para nosotros (Jeremìas 29:11). Asì, podemos pedir
porque Dios guiè la mano del mèdico en el tratamiento por enfermedad, pero no
podemos bajo ningún punto de vista: “Declarar” sanidad; “proclamar” parabienes;
ni mucho menos “reclamar” salud, si en los planes de Dios està que la persona
no salga con vida de la misma (lo hemos vivido). Con ese tipo de oraciones
solamente comprometemos a Dios delante de los incrédulos, y afectamos
negativamente la fe de los pequeñitos (al no tener las respuestas que nosotros
queremos), y eso, también es pecado (Lucas 17:1)… Ayyy de aquèl que provoque
los tropiezos.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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