miércoles, 19 de abril de 2017

La Oraciòn (Parte final).

“Señor, ensèñanos a orar”.
(Lucas 11:1).

Y NO NOS DEJES EN TENTACION, SINO LIBRANOS DEL MAL.

“Todos estamos destituidos de la gloria de Dios, puesto que todos hemos pecado y seguiremos pecando” (Romanos 3:23). Si para predicar la Palabra de Dios se necesitaran “santos” en el sentido que el ser humano lo entiende… simplemente NADIE estaríamos capacitados para predicarla.

Pero Dios, en su infinita misericordia nos ha llamado a algunos a ser pregoneros de justicia, a pesar de que somos tan sòlo vasos de barro “frágiles y sucios” (2ª Corintios 4:7). Esto implica que tenemos que estar en la “lucha” por dejar atrás la antigua vida de placeres mundanos, y asì, el Señor nos respalde para que llevemos SU palabra a otros (Marcos 16:15). La única forma conocida hasta el dìa de hoy para “luchar” por dejar la vida pecaminosa del pasado y no regresar a ella, es estar postrado a los pies de Cristo. Solamente asì veremos su grandeza y nuestra pequeñez. Vienen tiempos muy difíciles que están profetizados, por lo tanto no abra “declaración, necesidad ni deseo” que cambie esa situación con una oración, pero, lo que sì va a cambiar con una forma de oración “correcta” es que Dios nos “guarde” en medio de esa situación. ¡No podemos orar por la paz del mundo en el tiempo del fin, cuando fue Dios precisamente quien dictaminò que en los últimos días por la “falta de esa paz”, se desencadenarìa el fin de la era humana como la conocemos hoy (Mateo 24; Marcos 13 y Lucas 21), por lo que sí podemos orar, repetimos, es por nuestra paz en medio de esa sosobra.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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