jueves, 23 de marzo de 2017

Y eso, que habìa caminado sobre la aguas.

 “Entonces… èl comenzó a blasfemar”
(Marcos 14:71).

La blasfemia, hasta el tiempo de la Revoluciòn Francesa (1879) era penada con lapidación o la horca, fue impuesta precisamente por la inquisición romana en Francia y Europa alrededor de 1230. Implica no solamente que se “niega” a Dios sino que se le insulta directamente con palabras soeces.

Nos narra el Apòstol Marcos en el capìtulo 14, que Jesùs es tomado prisionero, y llevado a la casa del Sumo Sacerdote. Allì, mientras està a la espera de ser juzgado, asoma su figura el Apóstol Pedro, quien en dos ocasiones niega a su Señor diciendo que no le conoce y que no sabe quièn es, pero, en la tercera, en el verso 71 se nos explica que no sòlo lo niega sino también “blasfema” en contra de èl. Ese pecado era gravísimo, y sin embargo el Señor se lo perdona a Pedro. Ahora bien, el punto que queremos enfocar es èste, tiempo atrás el Señor había hecho que Pedro caminara sobre las aguas, y, hasta el dìa de hoy solamente Jesùs y èl lo han vivido, pero a Pedro eso y otros tantos favores de Jesùs se le olvidaron en el momento de crisis. ¡Cuàntas veces no hacemos nosotros lo mismo! Olvidamos todos los favores que hemos recibido de Dios, y solamente nos enfocamos en lo que no nos da, o en lo que les da a otros. Y dejamos en el olvido que, no una, sino en muchas ocasiones en lo que se refiere a lo espiritual… El nos ha hecho caminar sobre las aguas. Meditemos.  

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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