“Entonces… èl comenzó a
blasfemar”
(Marcos 14:71).
La blasfemia, hasta el
tiempo de la Revoluciòn Francesa (1879) era penada con lapidación o la horca, fue
impuesta precisamente por la inquisición romana en Francia y Europa alrededor
de 1230. Implica no solamente que se “niega” a Dios sino que se le insulta
directamente con palabras soeces.
Nos narra el Apòstol Marcos
en el capìtulo 14, que Jesùs es tomado prisionero, y llevado a la casa del Sumo
Sacerdote. Allì, mientras està a la espera de ser juzgado, asoma su figura el
Apóstol Pedro, quien en dos ocasiones niega a su Señor diciendo que no le
conoce y que no sabe quièn es, pero, en la tercera, en el verso 71 se nos
explica que no sòlo lo niega sino también “blasfema” en contra de èl. Ese
pecado era gravísimo, y sin embargo el Señor se lo perdona a Pedro. Ahora bien,
el punto que queremos enfocar es èste, tiempo atrás el Señor había hecho que
Pedro caminara sobre las aguas, y, hasta el dìa de hoy solamente Jesùs y èl lo
han vivido, pero a Pedro eso y otros tantos favores de Jesùs se le olvidaron en
el momento de crisis. ¡Cuàntas veces no hacemos nosotros lo mismo! Olvidamos
todos los favores que hemos recibido de Dios, y solamente nos enfocamos en lo
que no nos da, o en lo que les da a otros. Y dejamos en el olvido que, no una,
sino en muchas ocasiones en lo que se refiere a lo espiritual… El nos ha hecho
caminar sobre las aguas. Meditemos.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario