“Y reconocieron que habían
estado con Jesùs”.
(Hechos 4:13).
El peso de la maldad, la
perversidad, el abuso, la injusticia, la infamia (acciones malvadas) del mundo,
muy tristemente se ha infiltrado en la casa de Dios, entonces muchas personas
han llegado a creer que la Iglesia es un lugar en donde solamente nos engañan
para hacernos unos títeres, unos borregos ciegos que solamente hacen lo que se
les dice, o peor aùn que hacen de nosotros un botìn.
Hace dos mil años, hubo un
grupo muy pequeño de personas que se sentaron a escuchar las enseñanzas de un
maestro. Durante tres años y medio no hicieron otra cosa que escucharlo,
seguirlo y verlo hacer cosas extraordinarias. Un sòlo maestro, tan sòlo doce seguidores,
y además, de los cuales uno… era falso. Sin embargo, le dieron tal testimonio
al mundo, que llegaron a decir de ellos ¡Definitivamente, èstos han estado con
Jesùs!
La maldad humana hoy a
llegado a tal grado de depravación, corrupción y desamor, que es mucho màs
fácil tener una “organización de protección de animales” que una “institución
para niños huérfanos o abandonados”, pues, tristemente, con muy poco o nada,
una persona puede ser acusada de abuso infantil, de secuestro, o de trata de
personas por hechos vandálicos que “otros” han cometido. Actos como èstos son
los que a muchas personas de buena voluntad y con buenas intenciones, los
limitan a hacer tales obras, el por què, pues porque la maldad de esos “otros” ha
hecho que nuestro amor se enfrìe. Nuestro reto debe ser cambiar estos conceptos,
aùn siendo vasijas imperfectas de barro y en formación, de tal manera que algún
dìa alguien pueda decir de nosotros ¡Definitivamente, èste a estado con Jesùs!
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario