miércoles, 29 de marzo de 2017

Los afanes (Parte uno).

“Basta a cada dìa su propio afán”.
(Mateo 6:34).

Una de las preguntas clàsicas que hacen los alumnos a los maestros de Biblia es: ¿De dònde salió la esposa de Caìn, si nos han contado que solamente estaban Adàn, Eva, Caìn y Abel? (Gènesis 4:1-2).

Dos puntos importantes en los que no hemos sido instruidos: Uno, Dios había bendecido a Adàn y Eva con ser “fructíferos”  genealógicamente hablando (multiplíquense) (Gènesis 1:22 y 28). Una familia fructífera genealógicamente tiene muchos hijos, pero lo que sucede es que, en èsta historia, quienes habían de ser protagonistas eran Caìn y Abel, hecho que confirman historiadores judíos como Josefo. Dos, en aquellos días del principio de la humanidad, Dios sì permitìa que hubiera parentesco consanguinio (Ejemplos: Nacor se casò con Milca, su sobrina (Gènesis 11:29); y Amram, padre de Moisès se casò con Jocabed, su tìa (Exodo 6:20). Asì la situación, entendemos que la mujer de Caìn era una de sus “muchas” hermanas. Ahora bien, relacionando èsto con nuestro tema de los afanes, hemos de decir que hasta que Caìn fue separado por Dios de sus padres por el asesinato de Abel, el mundo, nos menciona la escritura, caminaba sin afanes. Pero, la descendencia de Caìn iniciò una serie de “actividades” de los cuales la primera fue la construcción (Babel y Nìnive), luego la ganadería, la elaboración de instrumentos de música, y tambièn la herrerìa (vea Gènesis 4:17-22), iniciando asì, el deseo de adquirir bienes y poseciones, estableciendo asì los albores de lo que hoy conocemos como: El comercio.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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