“Basta a cada dìa su propio
afán”.
(Mateo 6:34).
El comercio, fue pues, el
inicio de los afánes de los hombres, pues trajo consigo la conquista de territorios
para producir; se forman pequeños gobiernos tribales (tribus), lo que genera el
cobro de impuestos; y principia el trueque para luego dar paso al papel moneda,
eje del comercio y la codicia (para el que lo tiene y para el que no lo tiene).
Durante muchos siglos el
mundo caminò lentamente, a pesar de ciertas evoluciones, como el intercambio de
mercaderías de lugares remotos a otros (como el famoso comercio de la seda por
los chinos 1700 años antes de Cristo); hasta el dìa en que nace la Revoluciòn
Industrial (1820-1840), con cuyo movimiento nace la producción en serie.
Momento cuando la màquina empieza a desplazar la mano de obra humana, hasta
llegar al dìa de hoy, en que la globalización de los negocios; la tecnología y
la mercadología nos tiene a los hombres màs ocupados (afanados) en “tener y
poseer” que en buscar el reino de Dios. Asi la situación, increìblemente hay
gente que “dice creer en Dios” pero se levanta, se acicala y se marcha sin
dedicar un minuto a Dios (Mateo 6:33 y Salmo 37:5… encomienda a Jehovà tu
camino, y èl hará). Al no hacerlo, regresa a casa después de haber batallado
por sus propias fuerzas, cansado, frustrado y decepcionado. Lo triste y
lamentable es que “ese mismo afán” se metió poco a poco en la Iglesia, y hoy,
està totalmente “incrustado” con la doctrina de Paz, Poder y Prosperidad.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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