jueves, 30 de marzo de 2017

Los afanes (Parte dos).

“Basta a cada dìa su propio afán”.
(Mateo 6:34).

El comercio, fue pues, el inicio de los afánes de los hombres, pues trajo consigo la conquista de territorios para producir; se forman pequeños gobiernos tribales (tribus), lo que genera el cobro de impuestos; y principia el trueque para luego dar paso al papel moneda, eje del comercio y la codicia (para el que lo tiene y para el que no lo tiene).

Durante muchos siglos el mundo caminò lentamente, a pesar de ciertas evoluciones, como el intercambio de mercaderías de lugares remotos a otros (como el famoso comercio de la seda por los chinos 1700 años antes de Cristo); hasta el dìa en que nace la Revoluciòn Industrial (1820-1840), con cuyo movimiento nace la producción en serie. Momento cuando la màquina empieza a desplazar la mano de obra humana, hasta llegar al dìa de hoy, en que la globalización de los negocios; la tecnología y la mercadología nos tiene a los hombres màs ocupados (afanados) en “tener y poseer” que en buscar el reino de Dios. Asi la situación, increìblemente hay gente que “dice creer en Dios” pero se levanta, se acicala y se marcha sin dedicar un minuto a Dios (Mateo 6:33 y Salmo 37:5… encomienda a Jehovà tu camino, y èl hará). Al no hacerlo, regresa a casa después de haber batallado por sus propias fuerzas, cansado, frustrado y decepcionado. Lo triste y lamentable es que “ese mismo afán” se metió poco a poco en la Iglesia, y hoy, està totalmente “incrustado” con la doctrina de Paz, Poder y Prosperidad.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




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