“Sigan al hombre que lleva
el cántaro con agua”
(Lucas 22:10).
La Pascua estaba por llegar,
y Jesùs les dice a dos de sus discípulos (Pedro y Juan), a quienes Mateo y
Marcos no mencionan pero Lucas sì (22:7), que cuando entren en la ciudad, veràn
a un hombre con un cántaro de agua (señal uno); que le sigan porque va a entrar
a una casa (señal dos); que èl no es el dueño de la casa (señal tres); pero que
pregunten por el dueño que sì estarà en casa (señal cuatro); y, que le
averiguen si el aposento de la planta alta (señal cinco) ya està preparado y
amueblado para la celebraciòn (señal seis); a lo que èl responderà que sì
(señal siete). Todo esto no lo narran Mateo ni Lucas pero Marcos sì en
14:13-15.
Este último hecho por sì
mismo, era suficiente para entender las “señales” de que todo lo que Cristo
había dicho era una “verdad”, y por lo tanto se cumplirìa. Dios continuamente
nos manda señales pero nosotros enceguecidos por el momento desagradable que
estamos viviendo… simplemente no las entendemos. ¡Cuàntas veces Dios nos ha
hablado acerca de un tema “recurrentemente”, enviando evento tras evento;
persona tras persona; vivencia tras vivencia pero por necedad, negligencia u
orgullo, no entendemos o no queremos entender las señales, siendo
exclusivamente nosotros mismos quienes sufren las consecuencias. Nos encanta
mucho esa expresión bíblica que casi ningún creyente conoce, pero que bien
haríamos en aprender, que luego de un párrafo bíblico dice: Selah. Selah,
significa: “Has una pausa; detente un momento; medita; razona”. Cuànto bien nos
haría hacer una pausa, detenernos un momento, meditar y razonar… si todos los
eventos, las personas, o aùn las vivencias recurrentes que enfrentamos… no son
una señal que Dios nos està enviando, pero que nosotros hemos estado menospreciando.
Selah.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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