(El contexto en la venida de
Cristo).
“Todo tiene su tiempo, todo
tiene su hora bajo el sol”
(Eclesiastès 3:1).
En medio de tanta bendición
recibida luego del cautiverio, vemos que lastimosamente la clase sacerdotal (en
su mayoría) le falla a Dios. ¿Còmo le falla? En el capìtulo 11 de Zacarìas, el
Espìritu les dice: “No se han preocupado por la oveja moribunda; no buscan a
las pequeñas; no curan a la herida, ni le dan de comer a las que están sanas”
(versos 16-17). Nòtese que exactamente 100 años antes otro profeta, Ezequiel,
había descrito “exactamente” el mismo panorama (vea Ezequiel 34:1-4) en donde
además, agrega un “ay” en contra de ellos, pues con sus actitudes habían hecho
dispersar a las ovejas. La razón, la vimos ya, los Fariseos eran religiosos pero
también eran “comerciantes”.
Asì, Dios envía
aproximadamente 400 años “antes” del nacimiento de Cristo, al profeta Malaquìas
que declara o decreta lo siguiente: Uno: “Ahora pues, èste mandato es para
ustedes los sacerdotes” (2:1); Dos: “Ustedes se han desviado del camino y
mediante su instrucción han hecho tropezar a muchos” (2:8); Tres: “Yo estoy por
enviar a mi mensajero para que prepare el camino” (3:1); Cuatro: “De modo que
me acercarè a ustedes para juicio” (3:5); Cinco: “Estoy por enviarles el
espíritu del profeta Elìas antes de que llegue el dìa del Señor” (4:5).
Como en toda profecía
verdadera, 400 años después del profeta Malaquìas, en el inicio del Nuevo
Testamento, encontramos “exactamente, ese contexto en el tiempo o reloj de
Dios”. Uno, una clase sacerdotal desviada a sus propios intereses y haciendo
tropezar a muchos (Mateo 23:3); dos, un único mensajero enviado a preparar el
camino del Señor, Juan el Bautista (Mateo 3:1), quien se presentaba a sì mismo
como UNA VOZ CLAMANDO EN EL DESIERTO (Juan 1:23); tres, tanto el Bautista como
Cristo se acercaron al sacerdocio para confrontarlo (Mateo 23:3 y
13,15,16,23,25,27 y 29) ambos con el espíritu de Elìas. Para luego, encontrarnos
con el tema de que “aquellos” que eran los encargados de “recibir y presentar”
al Mesìas, son sus enemigos, detractores y verdugos (Juan 11:53)
*Señor, danos un honesto
celo por tu casa.
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