martes, 28 de marzo de 2017

Todos tenemos nuestro Adulam

“Y fue David, y se refugiò en la cueva de Adulam”.
(1ª Samuel 22:1).

La historia es muy conocida, Saùl ha desobedecido a Dios y David es nombrado rey en su lugar. A pesar de que Saùl aùn sigue sentado en el Palacio del Rey, el Rey ya es otro. Los celos consumen a Saùl al conocer la notica de parte de Dios y entonces trata de destruir a David, olvidando que la unciòn ya no reposa màs en èl sino en David, y que ahora, David es el protegido de Dios.

Avisado por Dios por medio de su gran amigo Jonatàn, hijo de Saùl, David huye para salvar su vida, y se refugia en una cueva llamada “Adulam”. Adulam, curiosamente significa: “lugar de aflicción” pero también “lugar de tranquilidad”, y es precisamente en ese lugar de “aflicción y tranquilidad” en donde a David le suceden dos situaciones importantes: La primera, que gente lastimada, ofendida y cansada de la opresión del Rey se le unen (400 personas para ser exacto) (1ª Samuel 22:2). Y la segunda, ese lugar de aislamiento le resulta también el lugar  de preparación para luego gobernar. Tenemos què entender algo “ningún hombre de Dios fue formado en público, todos fueron formados en aislamiento”: Josè; Sansòn; Samuel; David; Elìas; Juan el Bautista; Cristo; Pablo, etc. Cuando el Señor nos pone en lugares de aflicción o aislamiento, debemos entender que nos està “preparando” para el cumplimiento de una misión muy importante. Selah.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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