“Ese hombre, instrumento
escogido es para mì”.
(Hechos 8:15).
Es un hecho establecido que
a nadie le gusta el sufrimiento, la limitación económica, la falta de salud, la
falta de oportunidades. Sin embargo, todo el trabajo del hombre sobre la faz de
la tierra, es precisamente para eso, para evitar vivir ese tipo de situaciones.
Y, sin embargo se dan. Pero es màs difícil aùn la aceptación y evitar la
frustración y la decepción, cuando a pesar de hacer la lucha esas situaciones
nos llegan, y al mismo tiempo, vemos que a quienes no se ocupan de servir a
Dios no les llega pero ni por asomo. ¡Cuàntos las hemos vivido!
La solución a ese tipo de
situaciones solamente puede venir de Dios, pues por duro que nos parezca, aùn
esas “etapas” en nuestra vida están dentro del “Plan perfecto de Dios para
nuestros” (Jeremìas 29:11). Referirse a ellas, es fácil; tratar de explicarlas
no lo es tanto; y vivirlas, es màs difìcil aùn, pues en su momento parecen
eternas, un túnel sin luz al final. Sin embargo, cuando hayamos
“contentamiento”, y al decir contentamiento no queremos decir que estemos
gozosos o de fiesta en donde no cabe estar gozosos o de fiesta. Sino nos
referimos a “rendirnos con el discernimiento que el caso amerita” a los pies del
Cristo que murió por nosotros, entonces nos son màs soportables. Por
experiencias personales y vistas de cerca podemos expresar, que sean
soportables o que terminen pronto: “eso solamente depende de la misericordia de
Dios”, pues no salimos de ellas por esfuerzo propio, planes espirituales
sesgados, o seudo espirituales, ni mucho menos dejando la vida en un trabajo.
Simplemente tenemos què entender que eso es tiempo de preparación y es parte
del proceso cuando somos llamados a un ministerio.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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