“No te pido que los quites
de èste mundo, sino que los guardes”.
(Juan 17:15).
Todos, creyentes y no
creyentes entendemos en algún momento de nuestra vida, que mantenemos una
batalla diaria con fuerzas que son mayores que las nuestras. ¿Por què son
mayores? Porque son espirituales no materiales.
Jesùs sabìa esto, por ello,
en lo que nosotros en lo personal hemos denominado “El testamento de Jesùs”
(Juan 17 pues fueron sus últimas palabras). Le ruega a Dios Padre que: “A los
que creamos en èl” a pesar de estar en el mundo, nos guarde pues no somos del
mundo (Juan 17:9-11). Dios ordenò al hombre, después de la caída en el Edèn,
que tenía que trabajar para comer (Gènesis 3:17), ahora bien, el hombre para
trabajar tiene que mezclarse con el mundo, pues lamentablemente, no hay un
mundo especial para creyentes; no hay una nación especial para creyentes; no
hay una ciudad especial para creyentes; no hay un trabajo especial para creyentes
y tampoco hay una oficina especial para creyentes… ¿Què implica èsto entonces?
Esto implica que tenemos que convivir con personas que tienen otra cultura
espiritual; otras costumbres espirituales; y sobre todo, otras metas
espirituales, lo que las hace tomar otros “métodos” espirituales para
alcanzarlas. Luego, la oración de petición de Jesùs, dado que no podemos vivir
en un mundo aparte, era para que no nos “contaminemos” con todas esas
diferencias ya que tenemos que convivir con ellas a diario.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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