“Acontecerà si oyereis hoy
su vos y pusiereis por obra…”
(Deuteronomio 28:1).
De todas las virtudes de las
que el ser humano puede disponer la màs importante es la obediencia. Una
persona puede tener muchas deficiencias bien marcadas o hasta limitaciones en
discernir lo espiritual, pero si es obediente a la vos de Dios, Dios se encarga
de darle una posición, y èsta, siempre serà buena.
Con la obediencia hemos
aprendido a jugar, esto lo hacemos por conveniencia, pero, no nos damos cuenta
que puede llevarnos aùn a la muerte misma. Por la desobediencia de una persona,
toda la humanidad quedó condenada a la muerte; pero por la obediencia de otra,
podemos ser salvos (Juan 3:16). Otro ejemplo: los discípulos acaban de salir de
prisión por predicar en el nombre de Jesùs. La orden de los hombres es: “no
enseñen en ese nombre”; pero Pedro y Juan responden: “Juzgad si es justo,
obedecer a los hombres antes que a Dios” (Hechos 4:3 y 18). En otras palabras,
hay normas que ponen los hombres, pero, por encima de ellas están las que Dios
impuso… y esas, sì que son importantes porque no ocultan nada. Esas son las que
hemos de seguir, y para bendición nuestra están muy claramente establecidas y
explicadas en las escrituras. Leamos, estudiemos, y pidamos al Espìritu Santo
su unciòn para poder discernirlas. Meditemos.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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