“Vengan…volvámonos a Jehová”
(Oseas 6:1).
¿Cuál es la razón para que tengamos que “volvernos” de
ir en una dirección para ir en la contraria?
¡Que vamos en la dirección equivocada!
Nunca estaremos de acuerdo en el hecho de que sea en
el templo en donde se “alteren los linderos antiguos”. Un lindero es un límite.
Dios mandó que esos límites fueran respetados (Proverbios 23:10). En lo
espiritual es una figura de las normas y estatutos que Dios le diera a su
antiguo pueblo Israel, y que, repetimos, bajo ningún punto de vista debían ser
traspasados. Lamentablemente, hoy la Iglesia cristiana (el otro rebaño Juan
10:16) los está traspasando al permitir que la libertad se vuelva libertinaje (doctrinas
acomodadas, música mundana, conciertos alborotadores, jóvenes desaliñados,
mujeres vestidas indecorosamente, uniones matrimoniales indebidas, un liderazgo
manipulador y nepotista (todos los parientes involucrados como si fuera empresa
familiar), etc. Y, todas éstas situaciones por motivos tan personales como ocultos
(el templo manejado exactamente igual que en los tiempos de Cristo). ¡Cómo es
posible que en lugar de dedicar tiempo a “instruir” a las ovejas para conocer a
Dios, las estemos “distrayendo” con actividades, fiestas, conciertos, y reuniones
como si fuéramos un club social o deportivo! (Mateo 23:13-15). Necesitamos,
pero con extrema urgencia CONVERTIRNOS en un sacerdocio HONESTO, comprometidos
a alegrar el corazón de Dios no el de los hombres.
NOTA: Pedir que en el sacerdocio hagamos lo correcto
no exige “perfección”, pues nadie es perfecto (Romanos 3:10), pero sí “honestidad”
de nuestra parte en la casa de Dios. ¡No engañemos a las gentes! ¡Cuando
enseñamos una verdad a medias estamos engañando! (Mateo 24:4)
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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