“¿Quién puede discernir sus propios errores?”.
(Salmo 19:12).
Las acciones tienen… reacciones, o, si alguien
prefiere: “Lo que sembramos, eso cosechamos”.
Roboam, recibe el requerimiento del pueblo para que
sus cargas tributarias sean disminuidas, el consejo de los ancianos fue: “Trata
al pueblo humanamente, y les agradarás, y ellos te servirán” (2ª.
Crónicas 10:7); pero Roboam se deja llevar por el consejo de los más jóvenes,
quienes recomiendan: “Diles que tu dedo más pequeño, es más fuerte que los
lomos de tu padre y que añadirás carga a sus yugos” (verso 11). La
incomodidad del pueblo fue evidente porque dice la escritura que la respuesta
hacia Roboam fue tan “áspera” (verso 13) que hizo que la casa de David se
alejara de Israel (verso 19). Toda acción tiene una reacción. Y, ¿Si lo vemos
plasmado en grandes hombres de fe y en la historia? Entonces, ¡No nos empeñemos en hacer lo mismo
que hicieron los necios, sino copiemos a los de bien actuar! Moisés actuó con
humildad y escuchó el consejo de alguien más anciano y lleno de Dios, y, como
sabemos, su resultado fue tan favorable que aún hoy gozamos de ese fruto en la
Iglesia. Roboam no quiso escuchar el consejo de los más ancianos, y el
resultado fue que dividió al pueblo. La lección entonces quizás sea: “No
permitamos que el orgullo o intereses ocultos nos impidan recibir un buen
consejo o una enseñanza, especialmente si viene de alguien que tiene el apoyo
de Dios”.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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