“Lo que se hizo, eso se hará”
(Eclesiastés 1:9).
“Nada hay nuevo abajo del sol”. Con esas palabras
terminó el pensamiento inicial Salomón en Eclesiastés.
¿Sabe usted quién mató a Esteban el primer mártir de
la Iglesia cristiana? Veamos la historia (Hechos 6:8-10): “Y, Esteban, lleno de
gracia y de poder hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo” (prodigios
y señales que entre los líderes no se miraban). Entonces, se levantaron unos de
la “sinagoga” que NO podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que
hablaba Esteban (verso 9). Entonces, ellos (los líderes, verso 54) se
enfurecieron en contra de él. Y, entonces (verso 57) dando grandes voces, se
TAPARON LOS OIDOS, arremetieron a una en contra de él (analogía de los súper líderes que hoy no
escuchan a nadie porque creen que ellos son los únicos ungidos). Como vemos,
así como sucedió con Cristo, a Esteban no lo mato el pueblo… sino el liderazgo
hipócrita y acomodado. ¿Sabe usted quién mató al apóstol Pablo? Los líderes
hipócritas y acomodados (Hechos 24:1). Pues llamaron al verdadero evangelio de
la cruz, una “plaga” (verso 5); al verdadero camino, una “herejía” (verso 14)…
Y entonces, para no perder su status qúo (su estado o medio de vida) pidieron a
los romanos, como “una gracia” (verso 25:2): “que Pablo fuera encarcelado para
ser ejecutado”, situación que al fin pasó. Entendamos de una vez, el ENEMIGO está
OTRA VEZ dentro de la misma iglesia cristiana. Bien dijo Salomón: “No hay nada
nuevo bajo el sol”. La Iglesia no será destruida desde fuera. ¡Ya se está
destruyendo desde dentro!
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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