“¿Quién puede discernir sus propios errores?”.
(Salmo 19:12).
Error: “Acción que no sigue lo correcto, acertado o
verdadero”. Es importante que observemos que no son pensamientos, ideas o
planes… son “acciones”, y, por lo tanto tienen una “reacción”, que todos
conocemos como “consecuencias”.
Cada vez que decimos o hacemos algo, eso que dijimos o
que hicimos tendrá un resultado o consecuencia (Gálatas 6:7). Ejemplo: Si damos
una palabra de amor, de consuelo o de apoyo, veremos reacciones “agradables” en
las personas (aunque cosas veredes amigo Sancho). Pero, si por el contrario
damos una ofensa, señalamos, censuramos o implicamos a alguien (por verdadero
que sea), entonces su reacción nos será (por lo general) negativa, pues el
corazón humano por naturaleza, no tiende a ser dócil, TODOS tenemos ese
problema (Jeremías 17:9). Pero bien, entrando en materia, hemos de aprender de
la misma historia humana que nuestras acciones tienen una reacción, si esa
reacción nos será agradable o desagradable, dependerá de “qué” hagamos o
digamos; de “cómo” lo hagamos o digamos; y, especialmente de “a quién” se lo hagamos
o digamos. La escritura nos da ejemplos en los dos sentidos. Moisés había sido
elegido y entrenado directamente por Dios, pero escuchó a Jetró, su
suegro, quien dicho sea de paso, también tenía el apoyo de Dios (Génesis 18:19).
El saber escuchar de Moisés, y, el consejo de Jetró fueron tan buenos que la
Iglesia actual “aún” funciona piramidalmente gracias a ese consejo.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario