viernes, 27 de abril de 2018

¡Siempre hay una razón o propósito!




“Porque mis pensamientos son para bien de ustedes”.
(Jeremías 29:11).

Casi en la mayoría de ocasiones la “frustración” o el “desencanto” nos vienen porque esperamos algo, y ese algo, no llega o nos llega diferente a como lo esperábamos.

Pero hemos de entender que los pensamientos que Dios tiene para con nosotros son muy distintos que los que nosotros mismos tenemos, y, por supuesto que los resultados son diametralmente opuestos, pues Dios siempre va a la segura. Ejemplo: Hace 40 años un amigo sufrió una frustración por no poder comprar la casa que tanto le gustó a él y a su esposa, porque simplemente no calificaron como sujetos de pago por no tener recursos comprobables. Una familia conocida de ellos sí la pudo comprar. El padre de familia que pudo comprar la casa falleció de cáncer de pulmón y la esposa sufre gravemente de fibrosis pulmonar, el motivo: La casa, en su mayoría estaba construida de asbesto cemento, un material que resultó ser tóxico. ¿Por qué Dios quiso proteger a unos y a otros no?  Sólo él lo sabe. El punto, es que, 40 años más tarde vino la respuesta a la pareja (que por cierto, sirve al Señor) del por qué no pudieron realizar su sueño: “Los pensamientos de Dios son para bien”. Quizás hoy algunos sentimos que no recibimos lo que queremos, pero las respuestas vienen siempre, y vienen para bien “en el tiempo de Dios no en el nuestro”. Todo está en reconocerlo en todos nuestros caminos (Proverbios 3:5-6). ¡Gracias Señor por lo que nos das ahora, y gracias Señor, también por lo que no nos permites tener que nos puede hacer daño!

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




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