“Porque mis pensamientos son para bien de ustedes”.
(Jeremías 29:11).
Casi en la mayoría de ocasiones la “frustración” o el “desencanto”
nos vienen porque esperamos algo, y ese algo, no llega o nos llega diferente a
como lo esperábamos.
Pero hemos de entender que los pensamientos que Dios
tiene para con nosotros son muy distintos que los que nosotros mismos tenemos,
y, por supuesto que los resultados son diametralmente opuestos, pues Dios siempre
va a la segura. Ejemplo: Hace 40 años un amigo sufrió una frustración por no
poder comprar la casa que tanto le gustó a él y a su esposa, porque simplemente
no calificaron como sujetos de pago por no tener recursos comprobables. Una
familia conocida de ellos sí la pudo comprar. El padre de familia que pudo
comprar la casa falleció de cáncer de pulmón y la esposa sufre gravemente de
fibrosis pulmonar, el motivo: La casa, en su mayoría estaba construida de
asbesto cemento, un material que resultó ser tóxico. ¿Por qué Dios quiso
proteger a unos y a otros no? Sólo él lo
sabe. El punto, es que, 40 años más tarde vino la respuesta a la pareja (que
por cierto, sirve al Señor) del por qué no pudieron realizar su sueño: “Los
pensamientos de Dios son para bien”. Quizás hoy algunos sentimos que no
recibimos lo que queremos, pero las respuestas vienen siempre, y vienen para
bien “en el tiempo de Dios no en el nuestro”. Todo está en reconocerlo en todos
nuestros caminos (Proverbios 3:5-6). ¡Gracias Señor por lo que nos das ahora, y
gracias Señor, también por lo que no nos permites tener que nos puede hacer
daño!
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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