viernes, 13 de abril de 2018

¡De allí venimos! (Conclusión).



“Y os dispersaré entre los pueblos”
(Deuteronomio 4:27).

En Guatemala, específicamente, en el año 1871, se conjugan dos elementos: Uno, el clero católico es expulsado del territorio nacional por inmiscuirse en asuntos políticos (03-09-1871) y le son confiscadas muchas de sus millonarias propiedades entre ellas conventos, fincas y hasta ingenios de azúcar; y dos, siendo amigos del entonces presidente (interino) Justo Rufino Barrios, vienen los primeros misioneros “presbiterianos” a Chimaltenango y Quetzaltenango trayendo el evangelio, quienes son el origen de la Iglesia Cristiana en Guatemala. En 1873, el clero católico es sometido al gobierno central y se le permite ejercer su ministerio nuevamente pero habiendo renunciado a sus órdenes primitivas y convirtiéndose en simples sacerdotes.

El auge de la Iglesia Cristiana en Guatemala nace en la década de 1960. Este avivamiento, fue provocado por el Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965). Pues la historia (la cual vivimos) nos muestra lo siguiente: Dentro de las filas católicas provocó una división evidente: Por un lado, la Iglesia Católica tradicional (música gregoriana, rezos, así como la continua dependencia de imágenes y de los sermones clericales dominicales); y por el otro, la Iglesia Católica Carismática (coros con ritmo, oración, menos dependencia de imágenes y aprendizaje por medio de la lectura personal de la Biblia guiada por la unción del Espíritu Santo). La finalidad del papa Juan XXIII (promotor del Concilio) era catequizar al mundo y a la Iglesia Protestante, tanto así, que más adelante el catecismo oficial es modificado y difundido en todo el mundo (25-01-1985) por órdenes de Juan Pablo II, bajo la visión del mencionado Concilio. Pero el resultado fue lo contrario, una masiva emigración de jóvenes católicos al evangelio, de la cual “fuimos” no solamente “testigos” sino también “parte”. Y esas, en pocas líneas, son nuestras raíces… en otras palabras de allí venimos.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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