“Lo que se hizo, eso se hará”
(Eclesiastés 1:9).
“Nada hay nuevo abajo del sol”. Con esas palabras
terminó el pensamiento inicial Salomón en Eclesiastés.
Luego de la ascensión de nuestro Señor, y de la venida
del Espíritu Santo sobre los discípulos y los seguidores de Cristo, SU mensaje,
SU evangelio, el UNICO evangelio… el de la Cruz, inició a ser propagado con
fuerza (Lucas 9:22-24). Fuerza dada no por voluntad de hombre sino por el
propósito y voluntad de Dios (Hechos 1:8). Pero, había dos problemas: El uno,
el Imperio gobernante era un gobierno implacable y rudo (ejemplo y analogía del
mundo); pero ese, era el menor, el problema más complicado era la religiosidad,
la falsa espiritualidad y el acomodamiento de la clase sacerdotal que estaba en
su apogeo (ejemplo y analogía de la hipocresía disfrazada de “espiritualidad”
de gran parte del liderazgo y la iglesia cristiana actual), y, que además,
también estaba en contra del “verdadero mensaje” (Mateo 3:7). Pruebas: ¿Sabe
usted quién mató a Jesús? Fueron los líderes sacerdotales utilizando el poder
del Imperio (Juan 11:50 y 53). No fue decisión ni de los romanos ni del pueblo
(Mateo 27:1-2 y Marcos 15:11). ¿Sabe usted el por qué? Porque Jesús había venido a desenmascarar el uso
y abuso que los líderes practicaban en el templo (Juan 11:47-48). Muy acertado
y comprensiblemente el por qué del enojo y la ira de muchos líderes el día de
hoy porque éste mensaje nuevamente se propague. ¡Porque se están cometiendo los
mismos abusos, y otra vez, NO soportan las voces que están clamando en el desierto!
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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