“A los suyos vino, pero los suyos no le recibieron”
(Juan 1:11).
Cuando Cristo vino a la tierra hace dos mil años, fue
rechazado, pero no por el pueblo, el pueblo lo aclamó en su momento (Lucas
19:35-38).
Tampoco era el Imperio quien quería destruir a Jesús,
Pilato (político romano) dijo: “NO encuentro maldad alguna en él” (Juan 19:4).
Herodes Padre, llamado el grande (político romano) lo quiso matar porque
“creyó” que se trataba de un rival “político” (Mateo 2:16 y 19). ¿Quiénes
entonces querían asesinar a Jesús? La
escritura es clara: “Entonces CAIFAS, quien era SUMO SACERDOTE aquél año dijo:
“Vosotros no sabéis nada, pues es mejor que muera un solo hombre a que
perezcamos todos” (Juan 11:49), así que… desde ese día PLANEARON matarle (verso
53). Otra escritura nos muestra lo siguiente: “Entonces los principales
sacerdotes y los ancianos se reunieron en el patio de la casa de Caifás, y
tramaron con engaño atraparle para MATARLE, pero decían no durante la fiesta
(Mateo 26:3-5). El verdadero liderazgo de Dios NUNCA ha estado en peligro por
el mundo, siempre ha estado en peligro desde DENTRO. Hoy, otra vez la Iglesia
se está destruyendo sola. Hoy, un liderazgo ajeno a la casa de Dios, que
nuevamente, NO quiere escuchar la voz de Dios sino la propia, pues la de Dios
contradice todos los métodos, los sistemas y las prácticas que el liderazgo
está aplicando por motivos materiales. Ya lo dijo certeramente el apóstol Juan
1ª. 2:19: “Estaban entre nosotros, pero NO eran de nosotros”, esos son los
anticristos por ello es que la apostasía no viene de fuera… ya está dentro de
la casa de Dios.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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