“Y os dispersaré entre los pueblos”
(Deuteronomio 4:27).
La insurrección de la época de los años 66 al 70 de
nuestra era en Canaán, es conocida en la historia como “La primera guerra
Judeo-Romana”, que culminó como ya sabemos con la primera Diáspora israelita.
Profecía dada por Dios (Deuteronomio 4:25-27).
Luego en el año 132 al 135, unos pocos religiosos
israelitas que habían quedado en Jerusalén en el 70, hacen un nuevo
levantamiento al mando de Simeón Bar Khoba, rebelión que se conoce como “La
segunda guerra Judeo-Romana”. Esta vez, la derrota israelita es devastadora, al
extremo que toda Jerusalén es arrasada y destruida, y, para evitar que fuera nuevamente
ocupada por israelitas se les exilia a todos en una segunda y final Diáspora (Dion
Casio, Historia Romana). Además, cambian por “Decreto del Imperio” los nombres
de Canaán y Jerusalén a Palestina y Aelio Capitalina respectivamente. Este es
el motivo, por el cuál hoy en día, pueblos nómadas e impíos reclaman como
propia esa tierra. Pues no fue devuelta al pueblo de Israel sino tan sólo hace
algunos años, para ser exactos el 29 de Noviembre de 1947 por decreto de la ONU,
y entregada físicamente el 14 de Mayo de 1948 (En un segundo cumplimiento de la
promesa hecha en Ezequiel 37:21-22). Volviendo al tema de la diáspora, se nos
ha enseñado que esa diáspora se refería solamente a las llamadas “10 tribus perdidas de Israel”, pero,
hemos pasado por alto un detalle: “Santiago”, también conocido como “Jacobo”,
el hermano de sangre de Jesús (Mateo 13:55), cuando escribe su epístola, y
habiendo sido testigo presencial, nos dice: “Santiago, siervo del Señor
Jesucristo a las “12 tribus en la dispersión”. Dispersión igual Diáspora
(Santiago 1:1).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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