lunes, 2 de abril de 2018

No soy profeta.




“Boyero soy, y recojo higos silvestres”.
(Amós 7:14).

El pueblo de Israel “creía” que estaba agradando a Dios con sus reuniones y sus actuaciones. Pero…

Todas las “solemnidades” que el pueblo creía tener para agradar a Dios, más bien le desagradaban (vea 5:21) especialmente la música (vea verso 23). Entonces Dios envía a un desapercibido personaje, Amós (el hombre no era famoso sino tan sólo criaba bueyes) para “reprenderlos” y para indicar lo que pronto había de suceder (6:-7). Pero los líderes (vea 7:10) se molestan porque una persona sin relevancia alguna los corrija (vea 7:14) y se rebelan, nunca lograron entender que era una “voz que clamaba en el desierto”. El mismo caso sucedió con Juan el Bautista, un hombre que no vestía de gala como ellos lo acostumbran, sino que llevaba un simple taparrabos de piel de camello, es desestimado por su mensaje de corrección, al extremo que no están satisfechos hasta que consiguen su muerte física (Mateo 14:11). Nunca lograron ver que era “otra voz que clamaba en el desierto” (Juan 1:23). En nuestros tiempos, otra vez Dios está enviando “personas insignificantes, vestidas no de gala sino con taparrabos de piel de camello”, pero nuevamente la ignorancia, la insensatez, el oportunismo y los deseos oscuros del corazón, no están dejando escuchar esa voz en medio de la congregación. Y la sentencia de Dios viene: “Toda planta que mi Padre no sembró, será desarraigada” (Mateo 15:13). Selah.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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