martes, 27 de diciembre de 2016

La lealtad.

"El que vela por su amo recibirà honores".
(Proverbios 27:18b).

Lealtad, es el sentimiento de respeto y fidelidad a los compromisos adquiridos. Recien acabamos de compartir que Dios nos exhorta a que nuestro sì, sea un sì; y que nuestro no, sea un no... no importando las consecuencias. Los discìpulos decidieron dar el sì a Cristo, y humana o materialmente hablando lo perdieron todo, pero su sì, siguiò siendo un sì. No se puede cambiar a conveniencia, pues eso... NO es lealtad.

Hemos compartido tambièn que Cristo es un caballero, èl toca a nuestra puerta y si le abrimos entra, pero si nos mira renuentes èl da la media vuelta y se va. Seguir a Cristo no es una tradiciòn; no es una costumbre familiar, no lo hacemos porque nuestros padres nos lo dijeron; no lo hacemos porque como nuestros abuelitos lo hicieron nosotros tambièn. Seguir a Cristo es una "decisiòn personal". Como explicamos, los discìpulos no siguieron a Cristo porque sus abuelitos lo hacìan; por tradiciòn o por costumbre, lo hicieron de "propia voluntad" y afrontando lo que se viniera encima o por delante. Es màs, de propia voluntad dieron sus vidas por esa causa. A eso se le llama lealtad. Seguir algo porque es tradiciòn familiar nos lleva al hecho de que en cuanto encontramos "distractores" perdemos la lealtad, esos distractores van desde un pequeño placer como fumar, tomar, parrandear o mentir, etc. hasta llegar a un estilo de vida que ninguno desea imitar ¿Por què? Porque eso no es lealtad a los principios morales, èticos y espirituales que Cristo desea de su pueblo. Si hacemos las cosas por tradiciòn, nuestra lealtad vivirà en un hilo, y despuès de màs de seis dècadas de existencia podemos asegurar que un hilo espiritual, no soporta mucho antes de romperse. Si nuestro amo es Cristo, recibiremos honores; si nuestro amo es la tradiciòn, la costumbre, la conveniencia... difìcilmente. Pues hemos probado que una persona que vive por conveniencia no es confiable.

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