"Sin duda se han enterado del Plan de la gracia de Dios".
(Efesios 3:2).
El Apòstol Pablo, estando prisionero en Roma, en lugar de lamentarse por su situaciòn, toma un papel y una pluma y nos escribe cuatro cartas de exhortaciòn, sì, leyò bien, de "exhortaciòn". Efesios, Filipenses, Colosenses y Filemòn fueron escritas desde Roma para todos los creyentes de esas ciudades y para el "remanente" de todos los tiempos. Son como un cofre antiguo lleno de tesoros... pero que para verlos, hemos de abrir el cofre.
Al Apòstol Pablo, Dios le revelò directa y personalmente (recuerde el pasaje hacia Damasco en Hechos 9) el Misterio oculto por los siglos. Su Plan, el Plan de salvaciòn. Habìa sido anunciado en Jeremìas 31:1-3, pero tendrìa su cumplimiento con el advenimiento del Mesìas, su muerte y resurrecciòn. Y en el libro de Efesiòs, el Apòstol nos devela el misterio: "Que los gentiles, son, junto con Israel, beneficiarios de la misma herencia, miembros de un mismo cuerpo y participantes igualmente de la promesa en Cristo Jesùs mediante el EVANGELIO" (Efesios3:6). Nòtese que no dice que somos salvos, o sea "participantes" del Plan de salvaciòn de Dios por medio de ninguna "religiòn" sino por medio del "evangelio de Cristo Jesùs". Y ese evangelio, no fue predicado desde hace dos mil, tres mil, ni cuatro mil años como algunas religiones... sino que fue predicado desde el principio de la humanidad: Gàlatas 3:8 resa asì: "Sepan, que los descedientes de Abraham son aquellos que viven por la fe...a quien se le anunciò el EVANGELIO". En otras palabras, el evangelio ya era anciano cuando nacieron algunas religiones, porque desde el principio de los tiempos Dios deseaba que SU pueblo viviera por la fe y no por una religiòn. Sòlo pensemos por un momento: si Israel que HABIA sido designado SU pueblo fue RECHAZADO por su religiosidad, preguntamos: ¿Còmo pretendemos los gentiles no ser rechazados por religiosos, cuando èl estableciò un Plan de salvaciòn por fe? Meditemos. Ese es el Misterio develado: Somos salvos por fe, no por una religiòn. Y la fe viene por oìr y creer el evangelio de Cristo Jesùs.
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