martes, 6 de diciembre de 2016

La jactancia.

"No te jactes del dìa de mañana, porque no sabes lo que el dìa traerà".
(Proverbios 27:1).

Por mucho tiempo pensamos que la jactancia era propia de las personas que tenìan muchos recursos, y que, presumìan de su auto, de su moto, de su barco, de su aviòn, etc. Pero, con el tiempo nos fuimos dando cuenta que cualquier persona, aùn siendo de limitados recursos puede llegar a ser un presumido, y lo que es peor, de lo que no tiene.

Si alguna cualidad o virtud vino Cristo, El Hijo de Dios, a mostrarnos fue la humildad, la sencillez, la modestia. Desde su principio eligiò un lugar muy sencillo y humilde para nacer, un establo; luego eligiò para vivir una ciudad de la cuàl nadie creerìa que saldrìa algo bueno, Nazaret; tomò un oficio que no era de renombre, carpintero; pasò sus años de preparaciòn creciendo en lo material y en lo espiritual en silencio; y cuando manifestò su ministerio eligiò a hombres sencillos y casi sin educaciòn, pescadores; y ya en el ministerio no quiso que le llamaran Maestro. ¡Què contraste lìderes actuales! Cristo no quiso tomar los lugares de honor, en una boda a la que fue invitado hizo lo posible por pasar desapercibido; se sentaba a comer con ladrones, mentirosos y prostitutas; repudiò el sistema de vida de los lìderes religiosos de su època; y, hasta al morir dejò que eligieran por èl la forma màs vergonzosa de muerte en aquella època, la cruz. ¿Cuàndo entenderemos que no podemos jactarnos o presumir de nada de lo que tenemos, de lo que somos, o de lo que haremos?  Todo lo que somos le pertenece a Dios, bien harìamos en consultar con Dios a cada momento què es lo que desea que hagamos, què digamos, o a dònde desea que vayamos. Aquì no somos residentes... somos peregrinos viajeros, y un viajero va con nada màs lo esencial.

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