"Cruel es la furia, y arrolladora la ira, pero ¿Quièn puede enfrentarse a la envidia?
(Proverbios 27:4).
"Si la envidia fuera tinta, cuàntos estarìamos pintados", nos decìan los abuelitos cuando èramos niños y nos miraban còmo deseàbamos tener algo que nuestros vecinos o amigos tenìan. ¿Querès tener eso? pues trabajà y ahorra y algùn dìa lo tendràs... eran sus consejos de conclusiòn del asunto.
Cuando la naturaleza se ensaña contra el hombre o cuando el mismo hombre se ensañe contra el hombre, hemos sido testigos de èpicas batallas. Miles y miles de millones de dòlares en destrucciòn; ciudades arrasadas; pero lo màs importante miles de miles de vidas cegadas o dañadas fìsica y psicològicamente por muchos años. La furia es algo destructivo, algo que marca a las personas, pero sin embargo, Dios, nos dice que eso es nada o casi nada comparado a cuando la envidia invade nuestros corazones. ¿Hasta cuàndo iremos a entender que obtener algo implica sacrificio? Los discìpulos de Nuestro Señor Jesucristo tuvieron unciòn, pero dejaron todo lo material sin queja alguna; los ricos tienen sus fortunas porque planifican, invierten y trabajan duro. Serìa injusto que uno se encerrara en su oficina todo el dìa a estudiar la biblia, y eso le produjera dinero; de la misma manera que serìa injusto que un hombre planifique, invierta su dinero y trabaje duro todo el dìa para tener unciòn. Para Dios no hay nada imposible dice la biblia, pero tambièn nos enseña que es un Dios de orden, de disciplina, un Dios con lògica. No podemos entonces envidiar la unciòn de un siervo de Dios que se la pasa estudiando las escrituras, pero tampoco podemos envidiar a alguien que hace dinero porque trabaja mucho. Poderosa es la ira y cruel es la furia sì... pero no son nada comparados con los que abierta o encubiertamente podemos tener envidia de otros.
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