"El amigo ama en todo momento, y en tiempos de angustia, es como un hermano"
(Proverbios 17:17).
"Nadie tiene mayor amor, que el que pone su vida por los amigos" (Juan 15:13)." Con èstas palabras, podrìamos haber escrito el epitafio en la làpida de Nuestro Señor Jescuristo si èl permaneciera muerto. Pero, para beneficio nuestro, està vivo. Y sin embargo, la premisa es vàlida.
Un vìnculo precioso que tiene el hombre es la amistad. Què grato nos es encontrar a un amigo de la niñez; què emotivo es encontrar a un amigo de aquellos con los que jugàbamos cuando niños, pero que por los vaivenes de la vida hemos dejado de ver 20, 40 ò màs años, y de pronto, en un aereopuerto, en un super, en una esquina nos parece ver el rostro de nuestros primeros años reflejado en un estòmago agrandado, en un rostro con arrugas, en una cabeza con poco pelo o con el pelo blanco. El corazòn nos brinca y miles de imàgenes vienen a nuestra mente. ¿Por què? Porque delante nuestro tenemos a "un" amigo. Ahora bien, en lo espiritual nosotros tenemos la oportunidad de tener no enfrente nuestro sino dentro nuestro no a "un" amigo sino "al" amigo... Aquèl que diò la vida por nosotros. Sì, allì està Cristo Nuestro Señor todos los dìas, esperando como caballero que es, a que le digamos ven: Ven mi amigo y comamos juntos; ven mi amigo y salgamos juntos; ven mi amigo y vivamos juntos. Estamos en èstas fechas celebrando en todo el mundo el acontecimiento del nacimiento de Jesùs hace dos mil años, no viene al caso pero no es la fecha exacta, pues se puede probar con exactitud que fue alrededor del seis de septiembre, pero, lo que queremos resaltar es que es la UNICA fecha del año en que la gente es amable, quiere la paz, quiere la armonìa. Preguntamos ¿Què puede haber de malo en eso? Busquemos amistades buenas sì, pero sobre todo, busquemos la amistad con Cristo Nuestro Señor.
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