"Como frescura de nieve en dìa de verano es el mensajero confiable".
(Proverbios 25:13).
Por siglos, especialmente en los ùltimos, el hombre a querido pronosticar los terremotos. Un terremoto es algo que nos conmueve mucho porque un elemento al que consideramos muy seguro, como es la tierra, nos es movido o sacudido. Y eso, nos causa inestabilidad.
¿Còmo nos harìa sentir de seguros si alguien nos dijera con certeza y veracidad cuàndo sucederà un terremoto? No nos importarìa que esa persona tuviera interès ocultos, mezquinos o que buscara ganancias deshonetas. Sobre todo, si nos anunciara el gran terremoto que està pronosticado en Apocalipsis 16:18: "y hubo un gran terremoto tal como NO lo había habido desde que el hombre está sobre la tierra; fue tan grande y poderoso terremoto". ¡Còmo agradecerìamos a alguien si nos avisara de una catàsfrofe que viene sobre nosotros y con ese aviso pudièramos salvar las vidas propias y las de nuestros seres queridos. Y sin embargo, sucede pero muchos lo rechazan, miremos lo que nos dice el libro Romanos 10:15-16, que nos recuerda las palabras de Dios a Isaìas en 6:9-10: " Cuàn hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de las buenas nuevas... pero NO TODOS LO CREEN". Ciertamente hemos de reconocer que la culpa no la tienen solamente los que escuchan las buenas nuevas, sino la han tenido los que anuncian las buenas nuevas con interèsis ocultos, mezquinos o ganancias deshonestas. Pero, tambièn debièramos entender que los juicios de Dios no nos vienen por lo que otros hacen o dejan de hacer, sino por lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer. ¡Què nos importa a nosotros que otros vivan y roben a costillas de las ovejas! Si los juicios preparados son para ellos y no para nosotros. El apòstol Pablo nos enseñò: "Escuchad, escudriñad todo, escoged lo bueno y dejad ir lo malo". En eso debièramos de poner nuestros ojos, en el mensaje que traen, pues tan sòlo son vasos utilizados por Dios.
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