jueves, 10 de noviembre de 2016

Con paciencia y amabilidad.

"Con paciencia se convence al gobernante. La lengua amable quebranta hasta los huesos".
(Proverbios 25:15).

¿Cuàl ha sido la razòn por la cuàl la humanidad se ha dividido en clases sociales? El dinero. ¿Entonces hemos de suponer que tener o desear dinero es malo?  De ninguna manera, pues Dios constantemente le dice a su pueblo que lo va a prosperar. Lo que ha hecho que el dinero haga cambiar al hombre... es el "amor" al dinero.

Las escrituras nos dicen que la causa principal de todos los males de la humanidad es el amor al dinero (1ª Timoteo 6:10). Pues cuando se ama el dinero uno se vuelve servidor del dinero, en lugar de que el dinero se vuelva servidor de uno. Una de las pruebas que podemos observar si alguien tiene amor al dinero, es la forma en que lo maneja y la forma en que èl se maneja. Cuando una persona invierte o gasta su dinero "sòlo" en sì mismo, esa persona tiene amor por el dinero. Otra forma que tenemos de observarlo es si lejos de ser humilde y amable es prepotente, esa clase de personas creen que por tener dinero tienen derecho a todo o sobre todos. Cuando el dinero està a nuestro servicio lo utilizamos para ayudar a otros, no para satisfacernos "sòlo" nosotros. Pero ¿a què viene el dinero con la paciencia y la amabilidad? Al hecho de que es muy difìcil, por uno mismo, que tengamos esas cualidades o virtudes cuando la vida nos da muchos recursos, pues pensamos que no tenemos necesidad de nadie o que podemos disponer de la vida de los demàs sin ser educados, pacientes, amables. No implica que necesariamente hay que ser pobre para tenerlas, pues tambièn se puede comprobar que muchos no tienen dinero e igualmente tienen amor por el dinero y son insolentes y prepotentes. Pero como que no tener disponibilidad de "mucho" dinero facilita las acciones. Solamente Dios es quien nos puede dar la gracia para no perder el equilibrio que se necesita. Pero lo que sì sabemos por experiencias propias y ajenas es que la paciencia y la ambilidad, la cortesìa, el respeto a los demàs nos abre muchas màs puertas que la prepotencia, dispongamos o no de recursos.  

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