"Como arquero que hiere a todo el que pasa es quien contrata al desconocido en su casa".
(Proverbios 26:10).
"Un secreto entre tres, deja de ser secreto"; "Al ladròn, lo mejor es darle las llaves"; "No le cuentes todos tus secretos a nadie, pues en el dìa del enojo, se los contarà a todos". Palabras que en màs de una ocasiòn escuchamos en labios de nuestros ancestros... Y vaya que han resultado ciertas. En conclusiòn todo se resume a: CONFIANZA.
En el proverbio de hoy, es Dios quien nos enseña que no podemos confiar en gente extraña, hacerlo es como poner un arquero a tirar flechas a todo el que pasa, pues el resultado lògico serà: muchos heridos. Y eso es precisamente lo que harà alguien que no conocemos si lo metemos a nuestra casa (entendamos aquì por casa nuestro corazòn), concedièndole una confianza que no sabemos si merece. Eso no implica que desconfiemos de todo el mundo, pero sì implica que no podemos andar confiando a primas en cualquier persona. La confianza es algo que todos nos debemos ganar. Si alguien nos cuenta una pena, nos cuenta sus problemas ìntimos; si alguien abre su corazòn para con nosotros, debemos honrar esa confianza. Especialmente en el liderazgo cristiano esa es una obligaciòn. Quizàs podamos utilizarlo como ejemplo, sin decir nombres y en alguna congregaciòn ajena a la nuestra como testimonio de lo que puede o no suceder, pero nunca traicionar la confianza que se nos ha tenido. Eso ha lastimado por años a nuestras generaciones y es algo que debemos arrancar de raìces. Sepamos pues en quièn confiar, y, si alguien de buena voluntad a confiado en nosotros tenemos la obligaciòn de cerrar nuestra boca. Los secretos deben animarnos a orar por las personas no a criticarlas.
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