viernes, 4 de noviembre de 2016

Defensa sin traiciòn.

"Defiende tu causa contra tu pròjimo, pero no traiciones la confianza de nadie".
(Proverbios 25:9).

Alguien nos enseñò que no debemos contarle nuestro secretos a ninguna persona, pues en un momento problemàtico con èl, èste descubrirà lo que no queremos que otros sepan porque nos da pena o verguenza. Es posible que tenga razòn, la prudencia debe de ser una caracterìstica de los creyentes, pero, la pregunta del millòn es: ¿Y nosotros, què hacemos con los secretos que nos cuentan, acaso nosotros sì somos fieles en guardarlos?

Cuando uno està en alguno de los ministerios del Señor, sea Pastor, Evangelista, Profeta, Apòstol o Maestro, tarde o temprano alguien toma confianza con uno y le cuenta sus màs ìntimos secretos. En ocasiones lo hacen porque no soportan la carga de lo que hicieron o de lo que les hicieron; en otras oportunidades es porque quieren solucionar el problema pero no saben còmo, y, confìan en que uno pueda ser utilizado por el Espìritu de Dios para guiàrles o ayudarles a encontrar esa soluciòn. El punto es que, esos secretos no deben ser divulgados por nadie en ningùn momento. Y, cualquiera de nosotros que està en un liderazgo debe ser respetuoso y honrar esos secretos. No es correcto tampoco, y es a lo que se refiere el verso de hoy, defender nuestra causa en un momento dado, enlodando a quien nos contò sus secretos. No importa cuàl sea el problema, cuàl sea la causa del distanciamiento, el punto es que no podemos ni debemos divulgar un secreto, pues eso Dios lo llama traiciòn. La justicia no debe venir del hombre sino de Dios, y casi siempre como decìa la abuela: "Calladito... te ves màs bonito".

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