jueves, 17 de noviembre de 2016

La lengua viperina.

"Con el viento del norte vienen las lluvias; con la lengua viperina, las malas caras".
(Proverbios 25:23).

Pocas personas saben acerca del conocimiento de los vientos, pero para quienes son apasionados de el mar y la pesca, no es una opciòn es una obligaciòn conocerlo. En la educaciòn primaria se nos enseñan las clases de vientos, los màs comunes y que casi todos conocemos son los Alicios, vientos del oriente al poniente; los Contralicios, y por supuesto los temidos Monzones, vientos que en verano vienen del mar hacia la tierra y en invierno de la tierra al mar.

En èste verso de la escritura se refiere precisamente a los Monzones, pues lo que nos està tratando de enseñar el Señor es lo dañino que pueden actuar nuestras palabras. De niños nos enseñaron nuestros abuelos que una palabra puede ser màs devastadora que un golpe. Y por experiencias lo hemos podido comprobar, un golpe por duro que sea el cuerpo casi siempre es capaz de asimilarlo y de reponer el miembro lastimado, pero las palabras quedan grabadas en el corazòn, en la mente, en el disco duro de nuestros sentimientos, y, en momentos oportunos o inoportunos salta de nuevo para volver a lastimarnos. Como creyentes que nos consideramos nuestra lucha diaria ha de ser por no participar de èste mal endèmico de la humanidad, de andar lastimando a quien se nos pone enfrente con nuestras expresiones. Reconocemos que es muy difìcil especialmente ahora que casi todo el mundo vive tan afanado y ensimismado en sus problemas y necesidades. Pero tenemos que ser y hacer la diferencia, una parte de la piedad, del amor, de la misericordia del creyente debe expresarse en palabras de alivio, de exhortaciòn, de consuelo, de amor, no de burla y señalamientos. Somos los primeros en reconocer que hemos fallado en eso, pero eso no quiere decir que no podamos iniciar nuestra lucha hoy mismo, ni mucho menos que estemos vencidos.

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