"Manantial turbio, contaminado pozo, es el justo que flaquea ante el impìo".
(Proverbios 25:26).
"Uno es el que siembra, otro el que riega, pero el crecimiento lo da Dios", palabras de nuestro Apòstol Pablo a los creyentes en Corinto, que precedieron a las siguientes: "Nosotros (los predicadores) somos colaboradores al servicio de Dios, y ustedes son el campo de cultivo de Dios" (1ª Corintios 3:9).
En versos anteriores explica que: "Lo vil y lo despreciable de èste mundo eligiò Dios para predicar el evangelio" (vea Capìtulo 1 verso 27). El verso de hoy nos dice que cuando un siervo de Dios cae en pecado se haga pùblico o no, es como si un manantial de agua cristalina se convirtiera en agua sucia. Y en efecto, muchas personas toman como pretexto el alejarse de Dios pues no pueden soportar, dicen: "La hipocresìa de los pastores", "A los pisteros esos", "A los haraganes que solamente se mantienen juzgando a los demàs", "Esos, que viven de agarrar tontos". No vamos a defender lo indefendible, pues reconocemos que lamentablemente en lugar de que la iglesia haya afectado al mundo, segùn lo ha establecido Dios, es el mundo el que ha afectado a la iglesia, habiendo convertido "muchos" (no todos) la casa de Dios, que era casa de oraciòn... en cueva de ladrones y mentirosos aprovechados. Pero, tambièn hemos de decir, que muy lamentablemente tambièn, quienes juzgan ese tipo de liderazgos generalmente viven peores testimonios de vida que a quienes señalan, demostrando que ùnicamente lo usan como pretexto para no cambiar. El punto de conclusiòn es èste: "El verdadero siervo de Dios tiene que luchar por vivir un testimonio no por darlo", pues de lo contrario serà como un manantial de agua cristalina que se convertirà en aguas sucias para los que buscan un pretexto para no acercarse a Dios".
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