“Y harè un Nuevo Pacto,
afirma el Señor”.
(Jeremìas 31:33).
“Este es el Pacto que
después de aquèl tiempo harè con el pueblo de Israel, afirma el Señor. Pondrè
mi ley en su mente, y la escribirè en su corazón. Yo serè su Dios, y ellos
serán mi pueblo”. Primeramente hemos de entender la expresión “en aquel
tiempo”, para ubicarnos en las dispensaciones (cada uno de los perìodos de
tiempo en que se divide el acercamiento del hombre a Dios, y las condiciones
que rigen durante dicho tiempo).
Este texto es mencionado en
el contexto del Nuevo Pacto, Jeremìas 31:1. El apóstol Juan, nos dice en 1ª
Juan 2:18, que “YA” estamos en “aquèl tiempo”. Y, el apóstol Pablo nos enseña
què: “El final de la ley (el Pacto Antiguo) es Cristo (Romanos 10:4). Por lo
tanto el tiempo del fin lo estamos viviendo desde hace 2,000 años. En Hebreos
7:11-13 se nos enseña que al cambiar el Pacto también cambia la ley.
Preguntamos ¿Entonces, si la antigua ley del diezmo ya caducò, què ley nos rige
hoy en dìa? La escritura tambièn nos lo enseña: “La de dar VOLUNTARIAMENTE
conforme propone el corazón, y conforme a lo que cada uno gana” (2ª Corintios
9:7). Ahora bien, NO podemos ni debemos caer en temor, si se nos amenaza con la
“extorsión” espiritual que si no “diezmamos” nos iremos al infierno por robarle
a “Dios”. ¿Por què no? Porque ¿Si el ladròn de la cruz no diezmo, entonces,
còmo Cristo le ofrece vivir en el paraíso? (Lucas 23:43).
En otro sentido, preguntamos:
Literalmente hablando ¿Cuànto de lo que damos ha llegado a las manos de Dios?
¿Quièn se ha quedado con ese dinero? NO estamos diciendo que no hay que dar, compartir
o ayudar, lo que dice la escritura es que hay que dar con sabiduría y conforme
Dios nos guìe.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario