martes, 2 de mayo de 2017

Apocalipsis: El mensaje a las Iglesias (Parte uno).

“¿Señor, cuàndo sucederán èstas cosas (señales)?”
(Daniel 12:6).

Con toda la “lógica” que el caso amerita, uno tiende a creer que todo secreto se debe contar a la persona “idónea”. En lo material eso es lo que continuamente hacemos. Ahora bien, Dios aunque es un Dios de orden, disciplina, planificación, etc. En ocasiones, siendo soberano como lo es, nos sorprende, pues le da secretos espirituales a quien uno pensarìa que no es digno de ello.

Cuando pensamos en los “secretos espirituales” que Dios tiene para compartir, nuestra mente corre a la idea que “tenemos” que ser un hombre al nivel del Apostol Pablo de Tarso por ejemplo, para ser transportados al tercer cielo. Pero no siempre Dios lo hace asì, en el libro de Daniel vemos como Dios rompe sus propias reglas, y le da el secreto del final de los tiempos a un “impìo”, el rey Nabucodonosor (vea Daniel 7). Nadie, con la excepción del Apòstol Juan en Apocalipsis, ha recibido un mensaje tan completo y tan especìfico de los acontecimientos del fin de la era humana como lo recibió el rey Nabucodonosor, quien era, repetimos, un impìo. Que no lo comprendiò y tuvo que mandar a llamar a alguien “entendido” en la materia (Daniel), también es cierto. Pero, el hecho es que no podemos negar que lo recibió. Lo que nos enseña una pequeña pero no por eso menos importante lección: No podemos “menospreciar” a nadie, cuando es Dios quien lo aprecia adecuado para una misión. 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

       

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