“¿Señor, cuàndo sucederán
èstas cosas (señales)”
(Daniel 12:6).
LAODICEA:
“Por ser tibio, te vomitarè de mi boca”. No pocas personas hemos creìdo en
determinado momento, que Dios es injusto porque sufrimos lo que los impíos no
sufren; porque no alcanzamos a tener lo que los impíos tienen; porque no
estamos en la posición de honor, honra y estabilidad económica que es “digno”
de un hijo de Dios. Hasta hemos llegado a preguntarnos ¿Còmo es posible que un
impío coma, vista y viva mejor que nosotros? Esas son ideas que se metieron a
la Iglesia de Dios por medio de la satánica doctrina de Paz, Poder y
Prosperidad, que sutilmente nos ha engañado, y peor aùn, que muchos acaso seguimos
sin darnos cuenta que nos alcanzò, por lo que es notorio que se ha perdido el “contentamiento”
lo que se refleja en tibieza espiritual o inmadurez.
El Espìritu lleva al Apòstol
Juan a “cerrar la profecía a las Iglesias” con las siguientes palabras: “El que
tenga oìdos para oìr, que oiga” (Apocalipsis 3:22). La profecía de Apocalipsis
NO es una “sentencia” para la Iglesia, sino màs bien es una “advertencia” para
que nos preparemos. El Espìritu Santo nos està exponiendo las “señales” que se
verán en la “Iglesia” antes del fin; asi como en Mateo 24; Marcos 13 y Lucas 21 vemos las “señales”
que marcaràn a “Israel” y al “mundo”. Ahora quizás entendamos mejor lo que la
escritura nos menciona en Romanos 8:19: “El anhelo ardiente de la creación es
aguardar la manifestación de los hijos maduros de Dios”. Oremos para que ese “remanente”
no estè lejos de nosotros y nos pueda guiàr en èstos tiempos… que, mal haríamos
en ignorar.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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