“No tomes interés de tu
hermano”
(Levìtico 25:35-37).
Otros dos puntos importantes
acerca del diezmo son: Primero, Dios menciona en Levìtico 25:35-37
literalmente: “Si alguno de tus compatriotas se empobrece y no tiene còmo
sostenerse, AYÙDALE (no dice mantènlo) como lo harías con el extranjero; asì
podrá seguir viviendo entre ustedes. No exigiràs interés cuando le prestes
dinero o víveres, sino que temeràs a tu Dios”, y dicho sea de paso, este
argumento nos responde el ¿Para què lo dijo? Tampoco le prestaràs dinero con
interés ni le impondrás recargo a los víveres que le fìes”. Y leemos en
Levìtico 27:30 al final: Si alguien quiere “rescatar” algo del diezmo, dice
Dios, deberá AÑADIR a su valor una quinta parte (20%) del mismo para
rescatarlo.
Preguntèmonos: ¿Còmo es
posible que Dios dè la prohibición de que se le preste a otro hermano dinero a
“intereses”, porque es eso es “usura” (Exodo 22:25) y dos capítulos después EL
mismo le imponga a sus hijos, una carga de 20%, que ya rasca màs la extorsión
que la usura? Simplemente ¡IMPOSIBLE! La respuesta es tan sencilla como simple, y èste es el
segundo punto de los argumentos que mencionamos arriba: EL DIEZMO JAMAS, JAMAS,
JAMAS fue dinero mientras durò la ley. Era “producto” de la tierra y de los
àrboles, eran “especies”, eran “frutos” NO dinero. ¿Còmo iba Dios a
contradecirse en el tèrmino de apenas dos capítulos? Si sabemos que Dios no es hombre para que
mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta (Nùmeros 23:19).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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