lunes, 29 de mayo de 2017

El diezmo según la historia bíblica (Parte cuatro).

“No tomes interés de tu hermano”
(Levìtico 25:35-37).

Otros dos puntos importantes acerca del diezmo son: Primero, Dios menciona en Levìtico 25:35-37 literalmente: “Si alguno de tus compatriotas se empobrece y no tiene còmo sostenerse, AYÙDALE (no dice mantènlo) como lo harías con el extranjero; asì podrá seguir viviendo entre ustedes. No exigiràs interés cuando le prestes dinero o víveres, sino que temeràs a tu Dios”, y dicho sea de paso, este argumento nos responde el ¿Para què lo dijo? Tampoco le prestaràs dinero con interés ni le impondrás recargo a los víveres que le fìes”. Y leemos en Levìtico 27:30 al final: Si alguien quiere “rescatar” algo del diezmo, dice Dios, deberá AÑADIR a su valor una quinta parte (20%) del mismo para rescatarlo.

Preguntèmonos: ¿Còmo es posible que Dios dè la prohibición de que se le preste a otro hermano dinero a “intereses”, porque es eso es “usura” (Exodo 22:25) y dos capítulos después EL mismo le imponga a sus hijos, una carga de 20%, que ya rasca màs la extorsión que la usura?  Simplemente ¡IMPOSIBLE!  La respuesta es  tan sencilla como simple, y èste es el segundo punto de los argumentos que mencionamos arriba: EL DIEZMO JAMAS, JAMAS, JAMAS fue dinero mientras durò la ley. Era “producto” de la tierra y de los àrboles, eran “especies”, eran “frutos” NO dinero. ¿Còmo iba Dios a contradecirse en el tèrmino de apenas dos capítulos?  Si sabemos que Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta (Nùmeros 23:19).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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